por Agustín Panizza
Nacidos como una respuesta a la necesidad de vivienda masiva y eficiente en la Argentina de mediados del siglo XX, los edificios conocidos popularmente como monoblock se convirtieron en parte del paisaje urbano de muchas ciudades como Junín.
Desde Buenos Aires hasta Salta, estos bloques de hormigón condensan historias de planificación estatal, sueños de progreso y también desafíos urbanos que persisten hasta hoy.
La tipología monoblock se inspira en las ideas del movimiento moderno, con fuerte influencia de Le Corbusier y las propuestas de “ciudades verticales” que buscaban combinar densidad poblacional con espacios verdes compartidos. En Argentina, comenzaron a construirse entre las décadas de 1940 y 1960, en el marco de políticas de vivienda social.
Un caso pionero fue el Barrio Balbastro, en el Bajo Flores (1948), con edificios racionalistas de planta baja y dos pisos distribuidos en torno a un parque interno.
Poco después, la Comisión Municipal de la Vivienda (CMV) impulsó barrios como el Juan José Castro en Villa Lugano (1962-1965), con monoblocks rodeados de jardines, pensados para familias trabajadoras.
El crecimiento demográfico del Gran Buenos Aires y la necesidad de erradicar villas de emergencia derivaron en planes masivos. Con el Plan Alborada y el Plan de Erradicación de Villas de Emergencia (PEVE), surgieron complejos como el Conjunto Habitacional Nicolás Avellaneda, en Dock Sud (1973), y los monoblocks de La Matanza, que buscaban funcionar como verdaderas “ciudades dentro de la ciudad”.
Torres de hasta 14 pisos y bloques lineales interconectados se levantaron en tiempo récord, dotados de servicios básicos y espacios comunes.
Sin embargo, con el paso del tiempo, muchos de estos conjuntos quedaron relegados, con problemas de mantenimiento, sobrepoblación y deterioro estructural.
En la ciudad de Junín, hasta 1970 existían apenas ocho edificios de siete o más plantas, todos concentrados en unas pocas cuadras céntricas. Ese mismo año se creó el Fondo Nacional de la Vivienda (Fonavi), un organismo estatal destinado a contrarrestar el déficit habitacional.
En Junín, el Fonavi se aplicó tanto en complejos de casas como en edificios. Uno de los primeros proyectos fue la construcción de cuatro monoblocks en dos manzanas delimitadas por Sáenz Peña, Vuelta de Obligado, Rivadavia y Dulbecco.
A ellos se sumaron otros desarrollos estatales y sindicales, que ampliaron la oferta de vivienda colectiva en distintos puntos de la ciudad, como los monoblocks del barrio militar, en la intersección de Roque Vázquez y Arenales; el edificio de Edison y Almirante Brown, frente al Cementerio Central; el bloque de Gandini y Cabrera, dentro del barrio El Picaflor; los complejos habitacionales de los barrios AFIP, y Asociación Bancaria (en General Villegas y Juez Pérez; Fusé y Malvinas Argentinas).
Otro de los tantos construidos fue el II Barrio Junín impulsado por la Unión Ferroviaria, en avenida Libertad e Italia, dentro del barrio Libertad y luego fue transferido al Banco Hipotecario.

Sobre este proyecto, el historiador juninense Roberto Torres recordó que “era de un plan original de la Unión Ferroviaria que quedó trunco durante casi 20 años. La construcción estuvo paralizada en 1977, y recién hacia mediados de los 90 se reactivó”.
También, a la vera del barrio Ferroviario, cerca del Fonavi, se levantaron complejos de dos pisos en la zona comprendida entre Magaldi, Quintana, Iberlucea y Sáenz Peña, frente a la Ruta 188.

Según detalló Torres, “ese conjunto se conocía como barrio Banco Provincia 144. Fueron construidos casi en forma simultánea con los Fonavi de Rivadavia y datan aproximadamente de 1981. Incluso se inauguraron junto con un jardincito de infantes que todavía forma parte del mismo núcleo habitacional”.
El gran salto arquitectónico de Junín llegaría en los años 80 con el Edificio Junín I, levantado entre 1981 y 1983 en la esquina de Sáenz Peña y Remedios Escalada.

Diseñado por el ingeniero José Palmentieri y los arquitectos Hugo Milanese, Enrique Maggi y Fidel Sánchez, se planteó en dos volúmenes: un bloque inferior de tres niveles que ocupa todo el lote y, sobre él, una torre de 19 pisos que se convirtió en la más alta del interior bonaerense, fuera de la costa atlántica.
El desarrollo en altura continuó con las nueve torres de Foetra junto al predio ferroviario, de las cuales se concretaron siete en 1985. Sin embargo, tras esa etapa la ciudad prácticamente detuvo la construcción de grandes torres durante un cuarto de siglo.

La excepción llegó en los años 90, con la inauguración de la Torre San Martín, frente a la Fuente del Milenio, que se sumó como otro hito vertical en el corazón juninense.
En 1962, el arquitecto Eduardo Larrán proyectó en Salta uno de los edificios más singulares del país: el Monoblock Salta, de 16 pisos y 110 metros de largo, construido en hormigón armado celular sin juntas de dilatación.
Su diseño incluía departamentos dúplex y un amplio parque interno. Declarado Monumento Histórico Nacional en 2017, es considerado un ícono del modernismo argentino y un hito en la historia arquitectónica del norte del país.
Hoy, los monoblocks son objeto de miradas contrapuestas. Por un lado, representan un modelo habitacional cuestionado por la estandarización y los problemas urbanos que generó el abandono estatal.
Por otro, varias experiencias muestran un esfuerzo de revalorización: restauraciones en barrios porteños, programas de integración urbana y, en algunos casos, el reconocimiento patrimonial de edificios emblemáticos.
En el siglo XXI, la idea del monoblock se reinterpreta en manos de nuevos estudios de arquitectura. El estudio argentino MONOBLOCK ha desarrollado edificios residenciales y proyectos culturales que retoman el concepto de bloques funcionales, pero adaptados a las demandas actuales: sustentabilidad, flexibilidad de espacios y mejor integración con la ciudad.
En el ámbito habitacional social actual, la construcción de 149 viviendas del Programa Procrear II en Junín está paralizada desde la asunción del presidente Javier Milei en diciembre de 2023.
Estas viviendas, iniciadas en 2021, presentan avances significativos: 20 dúplex están terminados y listos para ser sorteados, otras unidades tienen un avance del 70% y el resto, del 50%.

La falta de fondos nacionales detuvo el proyecto, afectando a numerosas familias que esperan acceder a una vivienda digna.