En el entramado de historias que sostienen la identidad cultural de Junín, el tango ocupa un lugar especial.
Y dentro de ese mapa afectivo aparece la figura de Pedro Simón Fava, un hombre que supo conjugar la vida cotidiana con la pasión musical, llevando el género rioplatense a escenarios tan diversos como la calle, la radio y los hogares de la ciudad.
Fava fue inspector de tránsito, un oficio ligado al pulso diario de Junín. Pero fuera del horario laboral, su voz se transformaba en instrumento.
Cantor de tango, participó en serenatas acompañado por músicos como Panetta y Manacorda, llevando el repertorio clásico a encuentros íntimos y celebraciones populares. Esa práctica, tan característica de otra época, reforzó el vínculo directo entre el artista y su comunidad.
Su carrera musical también encontró espacio en el aire. Pedro Simón Fava cantó en emisoras de radios porteñas y locales, y fue protagonista de publicidades radiales en vivo, un formato que exigía presencia escénica y solvencia interpretativa.
La radio amplificó su voz y permitió que el tango llegara a oyentes de distintas generaciones.
El paso del tiempo no borró su huella. Fava dejó un legado de hasta veinte canciones grabadas en discos de pasta, que fueron digitalizados en 2021, además de cintas grabadas de varios minutos.
Ese material, hoy preservado, constituye un valioso testimonio del tango interpretado desde el interior bonaerense, con identidad propia y fuerte arraigo local.
La historia de Pedro Simón Fava también se enlaza con la fisonomía de Junín. Proveniente de una familia artesana, su padre, Luis Fava, fue responsable de obras emblemáticas como los frentes del Colegio Santa Unión de los Sagrados Corazones y la fachada del histórico Cine Crystal Palace, una de las salas más importantes de la ciudad y epicentro de los grandes espectáculos de su tiempo.
Siendo apenas un niño, Pedro vivió una experiencia que marcaría su destino artístico: conoció a Carlos Gardel cuando el Zorzal Criollo se presentó a cantar en el Cine Crystal Palace.
Aquella visita lo deslumbró por la estética y la voz del ídolo máximo del tango, sembrando una admiración que acompañaría toda su vida.