por Agustín Panizza
En un escenario económico marcado por el ajuste, los precios dolarizados y salarios que no logran acompañar el costo de vida, cada vez más personas apelan a la venta de bienes personales como estrategia para llegar a fin de mes, pagar deudas o afrontar los vencimientos de tarjetas de crédito.
Ventas de garage, publicaciones en redes sociales y plataformas digitales se convirtieron en una postal cotidiana, con avisos atravesados por palabras como “líquido”, “urgente” o “vendo ya”, casi siempre acompañadas de rebajas significativas respecto del valor original.
El fenómeno se observa con fuerza en Instagram, en Mercado Libre y en Marketplace, donde la cantidad de publicaciones de artículos usados no deja de crecer y la opción de permuta, además, gana terreno.
Según distintas fuentes del sector, los autos usados encabezan la tendencia, seguidos por muebles del hogar, electrodomésticos, artículos deportivos, bicicletas e instrumentos musicales, que pasan de ser bienes de uso cotidiano a convertirse en una salida rápida para obtener efectivo.
Desde Las Marías Vendemos, una cuenta de Instagram de Junín que actúa como intermediaria entre vendedores de pertenencias y potenciales compradores, describieron el momento como una consecuencia directa del ajuste económico.
“Boom de ventas no hay, pero sí hay un crecimiento en la oferta. Es la oportunidad de la crisis”, explicaron. En esa misma línea, detallaron: “Actualmente, explota la cantidad de consultas para publicar los bienes”.
El testimonio suma otro dato revelador sobre el cambio de hábitos de consumo y descarte: "La oportunidad de la crisis se da en que lo que antes se regalaba o tiraba, hoy se vende”, señalaron desde la página, graficando cómo objetos que antes no tenían valor comercial hoy encuentran un lugar en el mercado, incluso en cualquier estado de conservación.
Sin embargo, el aumento de la oferta no va acompañado por un crecimiento equivalente en la demanda. Desde el mismo espacio advirtieron que la falta de poder adquisitivo condiciona las operaciones.
“No hay dinero en la calle, por lo que no hay tanta demanda por parte de compradores”, explicaron desde ota página, describiendo un escenario de estancamiento tanto para la venta como para la compra.
El resultado es un mercado prácticamente paralizado, con precios a la baja, negociaciones extensas y operaciones que muchas veces no se concretan. Vender se vuelve una urgencia, pero comprar es una decisión que se posterga.
Así, la economía del “vendo ya” se consolida como un reflejo crudo del momento que atraviesan miles de hogares, desprenderse de bienes para sostener lo inmediato, en un contexto donde liquidar lo propio dejó de ser una elección y pasó a ser una necesidad.
“Es un momento difícil”, resumieron quienes están a diario en contacto con vendedores y compradores.