07/02/2026 - Edición Nº443

Opinión

Columna

Caros en dólares: cuando producir y bajar precios en Argentina se vuelve inviable

06/02/2026 00:56 |


por Agustín Panizza


En la Argentina actual, la discusión sobre los precios suele quedar atrapada en una simplificación peligrosa: “está caro porque quieren ganar más”. Sin embargo, detrás de cada producto local que hoy parece inaccesible hay una realidad mucho más compleja y, sobre todo, estructural. Así como sube el costo de vida, también aumentan —y de manera brutal— los costos de producción y comercialización.

Hoy producir en el país implica pagar tarifas, alquileres, servicios y combustibles a valores dolarizados, muchas veces entre los más altos del mundo medidos en dólares. A eso se le suma una presión impositiva constante y una logística cada vez más costosa. El resultado es una ecuación imposible con costos de primer mundo con salarios y márgenes de ganancia de tercer mundo.

Por eso, cuando un comercio, una pyme o una fábrica paga algunos de los alquileres, servicios y combustibles más caros en dólares del planeta, es lógico —inevitable— que sus productos también tengan precios elevados. No se trata de especulación, sino de supervivencia.

En este contexto, la frase que se repite en la calle y en redes —“van a tener que bajar los precios si no no les compra nadie”— choca de frente con la realidad económica. La mayoría de las veces, bajar precios no es una opción. No porque no quieran, sino porque no pueden. Y cuando no pueden, el desenlace es conocido con el cierre de locales, fábricas que bajan persianas y empresas históricas que desaparecen.

Esto sucede en la industria textil, en la metalúrgica, en la alimenticia y en prácticamente todos los rubros. No hay excepciones, porque las reglas del juego son las mismas para todos: insumos caros, energía cara, impuestos altos y un mercado interno debilitado.

En paralelo, los sueldos siguen quedando rezagados en dólares. El trabajador argentino cobra cada vez menos en moneda dura, mientras enfrenta precios que ya se miden con lógica internacional. Esa brecha explica gran parte de la caída del consumo y la sensación permanente de que “no alcanza”.

Con las importaciones abiertas, esta desigualdad se profundiza. Países como China compiten con costos de producción mucho más bajos en dólares, escalas gigantescas y políticas industriales activas. En esa competencia desigual, el productor local parte varios metros atrás y sin red.

El problema no es que los productos argentinos sean caros. El problema es que Argentina se volvió un país caro para producir, pero pobre para vivir y para pagar salarios. Mientras esa contradicción no se resuelva, seguir pidiendo bajas de precios será tan inútil como injusto: lo único que logra es acelerar el cierre de quienes todavía intentan producir, invertir y dar trabajo en el país.