En los dos primeros meses del año, algunos cortes de carne vacuna en Junín acumularon un aumento de un 40 por ciento, una cifra que ya supera a la inflación anual de 2025 que fue del 31,5% y que queda muy por detrás de los aumentos salariales.
Así lo pudo comprobar El Diario del Lunes tras una recorrida por distintas carnicerías de la ciudad, donde los comerciantes confirmaron fuertes remarcaciones entre enero, que tuvo una inflación del 2,9%, y febrero.
Uno de los casos más representativos es el costeletas de carne de vaca: los dos kilos pasaron de costar $18.000 a principios de enero a $25.000 en febrero, lo que implica un salto de $7.000 en ocho semanas.
El impacto se siente de lleno en el bolsillo de las familias juninenses, que deben reorganizar sus compras y resignar cortes tradicionales.
La comparación con otras carnes deja en evidencia la magnitud del salto. Mientras el kilo de pollo entero cuesta alrededor de $4.000, el kilo de carne para asado supera los $20.000 en varias carnicerías de la ciudad. Es decir, el asado quintuplica el valor del pollo.
En el caso del cerdo, que también suele presentarse como alternativa intermedia, un kilo de un corte para parrilla supera los $10.000, ubicándose a mitad de camino entre el pollo y la carne vacuna.
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Actualmente, el kilo de pata muslo ronda los $7.000, lo que explica por qué las parrillas de los juninenses se han visto cada vez más “invadidas” por esta ave. Sin embargo, comerciantes advierten que el pollo y el cerdo comienzan a acompañar la tendencia alcista, arrastrados por la suba de la carne roja.
No pasa desapercibido el comentario irónico en reuniones familiares: los asadores anuncian que cocinarán “costillar de pollo”, en referencia a que el clásico costillar de vaca —emblema de la mesa argentina— hoy queda fuera del alcance de muchos bolsillos.
A nivel nacional, las cámaras del sector advirtieron que el traslado a precios todavía no terminó. Desde la Cámara de Matarifes y Abastecedores (CAMyA) anticiparon que en los próximos días podrían registrarse incrementos de entre $1.000 y $1.500 por corte, dependiendo de la calidad y la demanda.
En el Mercado Agroganadero de Cañuelas —principal referencia de precios para frigoríficos y carnicerías— el valor de la hacienda registró en la última semana subas cercanas al 7% en las categorías destinadas al consumo interno, lo que termina impactando en el mostrador.
Desde la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) hablaron de un posible “punto de equilibrio” en el corto plazo, aunque reconocieron que existe un problema estructural vinculado a la falta de crecimiento del stock ganadero y a una oferta que seguirá siendo escasa durante los próximos años.
Mientras tanto, en Junín la realidad es concreta: en apenas dos meses, la carne vacuna subió hasta un 40%, ampliando la brecha con otras carnes y modificando los hábitos de consumo en los hogares de la ciudad.
Una de las preguntas que más se repite entre comerciantes y consumidores es cómo puede ser que la inflación oficial de 2025 haya rondado el 30%, luego de un 2024 que cerró en torno al 117%, cuando algunos rubros clave tuvieron subas muy superiores.
Un ejemplo claro es el de los combustibles. A lo largo de los dos últimos años, la nafta y el gasoil acumularon incrementos cercanos al 500%, impactando directamente en el transporte de mercadería, la logística y los costos de producción. En una ciudad del interior como Junín, donde buena parte de los alimentos recorren cientos de kilómetros hasta llegar a góndolas y mostradores, el peso del flete no es menor.
Entonces, ¿por qué la inflación general es menor que la suba de algunos productos?
La explicación radica en que el índice oficial —elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)— promedia miles de precios de distintos rubros, desde alimentos hasta educación, salud, comunicaciones, indumentaria y servicios públicos. No todos aumentan al mismo ritmo ni en el mismo momento.
Además:
Algunos productos suben muy por encima del promedio (como combustibles o ciertos alimentos).
Otros crecen por debajo o incluso se mantienen relativamente estables.
El índice pondera cada rubro según su peso en el consumo promedio de los hogares.
Por eso puede ocurrir que un sector clave para la economía, como los combustibles, registre un 500% de aumento, mientras que la inflación general del año resulte bastante menor.
Sin embargo, en la economía cotidiana —sobre todo en actividades que dependen fuertemente del transporte y la energía— esos aumentos puntuales tienen un efecto multiplicador que se siente con fuerza en los precios finales, como hoy ocurre con la carne y otros alimentos en Junín.