11/03/2026 - Edición Nº475

Junín

naturaleza

Hierbas medicinales y comestibles: las plantas silvestres que curan, alimentan y crecen en Junín y la región

08/03/2026 14:11 | Entre las especies más conocidas que pueden encontrarse en la zona de Junín aparecen varias frutas y yuyos silvestres que crecen en montes, alambrados o bordes de caminos.



En campos, banquinas, quintas, baldíos y hasta en patios urbanos de Junín y del noroeste bonaerense crecen numerosas plantas que muchas veces son consideradas simples “yuyos”.

Sin embargo, detrás de esa apariencia silvestre se esconden especies con importantes propiedades medicinales y alimenticias que forman parte del patrimonio natural de la región.

Investigaciones realizadas por técnicos del INTA permitieron identificar más de diez especies vegetales que crecen de manera espontánea y que poseen beneficios para la salud, además de potencial para incorporarse a huertas familiares y jardines.

Estas plantas forman parte de la vegetación espontánea —nativa o naturalizada— característica de la región de la Cuenca del Salado, un territorio donde conviven humedales, campos y zonas rurales que favorecen la diversidad de especies.

Según explicó Laura De Luca, especialista del INTA Cuenca del Salado, quien trabaja desde hace tres años en la caracterización de estos yuyos comestibles, existen varias razones por las que estas especies resultan una opción interesante para incluir en espacios productivos y domésticos.

“Más allá de sus propiedades nutricionales y medicinales, son rústicas, ya que están adaptadas a las condiciones climáticas del territorio y brindan su color y aroma sin necesidad de grandes cuidados”, señaló la especialista.

Además, remarcó que estas plantas cumplen múltiples funciones ambientales que muchas veces pasan desapercibidas.

“La vegetación espontánea (nativa o naturalizada) cumple diferentes roles y brinda servicios, como alimentación, ornamentación, fijación de suelo, medicinal, etcétera, que generalmente se desconocen en la comunidad y es nuestra tarea contribuir a que ese conocimiento circule y crezca”, aseguró De Luca.

Frutas silvestres del paisaje rural

En el noroeste bonaerense también existen diversas plantas frutales que crecen de forma espontánea en montes, cercos, bordes de caminos y campos. Algunas de ellas son conocidas por generaciones de pobladores rurales y hoy vuelven a despertar interés por su valor nutricional.

Entre las más frecuentes aparecen las moras, cuyos árboles se encuentran en alambrados y quintas rurales. Sus frutos oscuros maduran durante el verano y se utilizan tanto para consumo fresco como para preparar dulces, jugos o mermeladas.

Otra especie que comienza a llamar la atención es la uchuva, un pequeño fruto amarillo envuelto en una estructura vegetal similar a un farol. Su sabor agridulce y su contenido de vitaminas y antioxidantes la convierten en un alimento cada vez más valorado.

También se encuentra el mburucuyá o pasiflora, una enredadera nativa que suele crecer sobre cercos, alambrados o montes naturales. Además de sus frutos comestibles, sus hojas y flores son utilizadas tradicionalmente para preparar infusiones con propiedades relajantes.

Estas especies forman parte de la diversidad vegetal de la región y, aunque muchas veces crecen sin intervención humana, pueden incorporarse fácilmente a huertas y jardines para aprovechar sus frutos.

Un calendario natural de plantas comestibles

Los técnicos del INTA también identificaron un conjunto de plantas que aparecen de manera espontánea durante diferentes momentos del año, formando una especie de calendario natural de especies comestibles y medicinales.

En enero se destaca la presencia de la rucoletta o rúcula salvaje, una planta comestible que aporta minerales, fibra y triptófano, además de ser conocida por sus propiedades digestivas.

Durante febrero cobra protagonismo la marcela, utilizada tradicionalmente en infusiones por sus propiedades digestivas, antioxidantes y hepatoprotectoras. Su cosecha se realiza principalmente en verano.

En marzo aparece la carqueja, también llamada carquejilla o yaguareté caá. Esta planta es conocida por sus propiedades colagogas, hepáticas y diuréticas, además de tener usos antisépticos en aplicaciones externas. Su recolección se da en primavera y verano.

Con la llegada de abril se vuelve común el diente de león, también conocido como amargón, taraxaco o panadero. Esta planta aporta betacarotenos, potasio, magnesio, calcio, ácido fólico y hierro. Además de sus propiedades antioxidantes y depurativas, sus flores aportan néctar para insectos benéficos. Sus brotes tiernos se cosechan en primavera, las flores en verano y la raíz en otoño.

En mayo se destaca la achicoria silvestre, también llamada radicheta, radicchio o radichia. Sus hojas y flores aportan hierro, calcio y vitaminas A y C, mientras que desde el punto de vista medicinal se le atribuyen propiedades para fluidificar la sangre y proteger el hígado.

Durante junio aparece con facilidad el llantén o siete venas, una planta que aporta taninos, mucílagos y ácido fumárico. En medicina tradicional se utiliza como antiinflamatorio, antiséptico y laxante suave.

En julio es posible encontrar el llamado huevito de gallo o uvita del campo, cuyo fruto comestible aporta fósforo, calcio, zinc, hierro y proteínas. También posee propiedades analgésicas y antiinflamatorias.

En agosto se desarrolla la artemisa, conocida también como hierba de San Juan o hierba de la mujer. Sus hojas pueden utilizarse como condimento en carnes y guisos, mientras que en medicina popular se emplea para regular el ciclo menstrual o en cataplasmas de uso externo.

Con la llegada de la primavera, en septiembre, aparece la flor de pajarito o fumaria, una planta utilizada como hepatoprotector y depurativo del hígado, la vesícula y los riñones.

En octubre crece la verdolaga, una planta comestible que aporta vitaminas B1 y B2, calcio y ácidos grasos omega-3. También es conocida por sus propiedades diuréticas y por ayudar a controlar la acidez estomacal.

Durante noviembre es el turno de la menta cimarrona o menta poleo, muy utilizada en infusiones frías o calientes. Entre sus propiedades medicinales se destacan su efecto expectorante, sedante, carminativo y antipirético. Además, sus flores aportan néctar para insectos benéficos.

Finalmente, en diciembre aparece la retama, cuyas flores se utilizan en perfumería, aromaterapia y para la obtención de pigmentos amarillos comestibles. También es una planta importante para abejas e insectos polinizadores.

Aliadas del ambiente y de la biodiversidad

Más allá de sus usos alimenticios o medicinales, estas especies cumplen un rol fundamental en los ecosistemas de la región.

Muchas de ellas ayudan a fijar suelos sueltos gracias al desarrollo de sus raíces, mientras que otras aportan refugio y sitios de nidificación para aves.

En zonas cercanas a arroyos o lagunas, algunas plantas acuáticas o palustres pueden crecer densamente en las riberas y ofrecer refugio para aves y otras especies de fauna acuática, además de contribuir a la purificación natural del agua.

Por eso, desde el INTA destacan la importancia de conocer, identificar y valorar la vegetación espontánea que forma parte del paisaje cotidiano.

En una región como la Cuenca del Salado —donde la producción agropecuaria convive con humedales y ambientes naturales— redescubrir estas plantas no solo permite rescatar saberes tradicionales, sino también promover formas más diversas y sustentables de relacionarse con el entorno. 

Salvia guaranitica o salvia azul

La salvia guaranitica o salvia azul puede llegar a alcanzar la altura de una persona.

Aunque son perennes, su follaje decae a comienzos del invierno y en primavera surgen los nuevos brotes

Es una planta aromática, pariente directa de la salvia comestible de origen europeo. También pertenece a la misma familia que la menta. En Paraguay usan sus hojas en el tereré, las cuales otorgan un sabor dulce a la bebida.