15/03/2026 - Edición Nº479

Junín

historia

Antes de Junín: el Camino Real del Oeste, la red de postas que organizó el territorio y dio origen a los pueblos de la Región

14:04 | Fue una ruta terrestre que unía Buenos Aires con las regiones de Cuyo y posteriormente con Santiago de Chile, y que con el paso de los siglos terminaría convirtiéndose en la actual Ruta Nacional 7.



Mucho antes de que existiera la ciudad de Junín, e incluso antes de la fundación del histórico Fuerte Federación en 1828, estas tierras ya formaban parte de un corredor fundamental para la comunicación entre el Río de la Plata y el interior del continente.

Ese trazado era conocido durante la época colonial como Camino Real del Oeste, una ruta terrestre que unía Buenos Aires con las regiones de Cuyo y posteriormente con Santiago de Chile, y que con el paso de los siglos terminaría convirtiéndose en la actual Ruta Nacional 7, hoy una de las carreteras más importantes del país.

Recorrer esta ruta hoy implica atravesar el territorio argentino de este a oeste, pasando por paisajes de pampa, llanura y montaña, hasta llegar al portal argentino del Túnel Cristo Redentor, en la provincia de Mendoza. Pero siglos atrás, cuando no existían las rutas asfaltadas ni las ciudades actuales, el movimiento por este territorio dependía casi exclusivamente de caballos, carretas y mulas.

Las huellas que aún sobreviven

A pesar de las transformaciones del territorio, el antiguo camino colonial no desapareció por completo. En distintos sectores del noroeste bonaerense todavía pueden encontrarse tramos rurales de tierra que siguen el trazado original del Camino Real.

Uno de los ejemplos más claros se encuentra en el trayecto entre Junín y Chacabuco, donde aún pueden identificarse caminos que conservan la huella del recorrido utilizado por carretas y arrieros hace más de dos siglos.

Así, cada vez que hoy se recorre la Ruta Nacional 7, en realidad se está transitando por una vía que tiene más de trescientos años de historia: un camino que comenzó siendo una simple senda de tierra atravesando la pampa y que terminó convirtiéndose en uno de los corredores más importantes que conectan a la Argentina con el resto de Sudamérica.

Un país que se movía a caballo

“La Argentina se hizo a caballo”. Repetida a menudo, esta frase cobra todo su significado cuando se abandonan las grandes páginas de la historia y se observa el transcurrir de la vida cotidiana a través de los caminos de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Algunos datos sobre tiempos y distancias son elocuentes e impresionan por el desafío que planteaban a los viajeros. En la época de la independencia, las distancias se medían en leguas. Existían variantes sobre la extensión de una legua, pero en general se considera que la legua de posta equivalía a aproximadamente cuatro kilómetros.

Las distancias que podían recorrerse dependían del medio de transporte. Marchando a caballo, la distancia promedio que podía recorrer un jinete era de ocho leguas por día. En cambio, cuando se viajaba en carreta tirada por bueyes, el trayecto diario se reducía a cuatro leguas.

Estos tiempos permiten dimensionar las enormes distancias del territorio. Por ejemplo, viajar desde Buenos Aires hasta Lima, siguiendo el otro Camino Real que conectaba con el Alto Perú, podía demandar cuatro meses a caballo. Si el viaje se hacía en carreta, se llegaba hasta San Salvador de Jujuy y luego se continuaba con recuas de mulas. En ese caso, el viaje podía extenderse hasta ocho meses.

Sin embargo, en la práctica, el viaje a Lima de un chasqui del servicio de correos podía realizarse en un plazo promedio de entre 30 y 40 días, a razón de 30 leguas diarias. Este tiempo extraordinario para la época sólo podía lograrse gracias a la existencia del Camino Real y a la organización del sistema de postas.

El origen del Camino Real

El Camino Real fue instituido en 1663 por el gobernador del Río de la Plata José Martínez de Salazar. El sistema contemplaba dos grandes rutas principales.

Una de ellas era el Camino Real del Perú, que seguía aproximadamente el recorrido de la actual Ruta Nacional 9. La otra era el Camino Real del Oeste, que se dirigía hacia la región de Cuyo y mantenía un trazado muy similar al que hoy sigue la Ruta Nacional 7.

Sin embargo, el sistema alcanzó su verdadera relevancia cuando en 1748 se creó el servicio de Correos y Postas por iniciativa de Domingo de Basavilbaso, considerado por este motivo el padre del correo en la Argentina.

La clave del nuevo sistema era una cadena de postas que jalonaban el camino y permitían mantener en movimiento constante a los viajeros y a los correos.

La función de las postas

Las postas eran lugares de recambio de caballos que permitían a los viajeros continuar su camino utilizando animales frescos. Se encontraban ubicadas a una distancia de entre cuatro y ocho leguas, es decir, aproximadamente entre 15 y 40 kilómetros, lo que respondía a lo que podía recorrer un caballo antes de fatigarse.

Este detalle explica en gran parte la distribución actual de los pueblos en el interior bonaerense: muchos surgieron justamente en los lugares donde funcionaban estas estaciones del Camino Real, por lo que todavía hoy suele aparecer un pueblo o paraje cada varias decenas de kilómetros, replicando aquella lógica colonial.

En general, las postas eran construcciones austeras, con paredes de piedra o adobe, techos de paja y escaso mobiliario. Allí se ofrecía comida y alojamiento a viajeros, arrieros y mensajeros.

Aunque las ordenanzas establecían ciertas comodidades mínimas, en muchas ocasiones las condiciones eran muy precarias. En algunas postas los viajeros debían conseguir la leña para el fuego, y en otras resultaba más cómodo dormir debajo de las carretas que dentro de los edificios, sobre todo por la presencia de insectos.

Reglamentación del sistema

En 1762 se dictó la “Ordenanza que deben observar los funcionarios de correos, caminos y postas”, que estableció oficialmente la localización de las postas y las condiciones que debían cumplir. Las primeras postas organizadas bajo ese sistema comenzaron a establecerse a partir de 1771.

Más tarde, en 1791, Manuel de Basavilbaso, hijo de Domingo y por entonces Director de Correos de Buenos Aires, redactó un detallado “Reglamento de Postas” que debía cumplirse en todo el territorio del Virreinato del Río de la Plata.

El reglamento establecía que cada posta debía estar dirigida por un maestro de posta, asistido por dos postillones.

El maestro de posta

El cargo de maestro de posta era desempeñado por una persona con ciertos recursos, distinguida y representativa del lugar. Era indispensable que supiera leer y escribir, ya que toda persona que quisiera viajar por los caminos del territorio debía presentar su pasaporte ante el maestro de posta. Este documento debía ser expedido por la policía o autoridad militar y estar acompañado de una hoja de ruta emitida por el Director de Correos.

El nombramiento del maestro de posta provenía directamente del Director de Correos. Además, el cargo gozaba de ciertos privilegios, como el de no poder ser convocado para el servicio de milicias, lo cual evidenciaba que era una profesión rodeada de cierta consideración social, especialmente en los tiempos de la independencia.

Entre sus obligaciones principales estaba la de disponer de un mínimo de 50 caballos para el servicio de postas. El recambio de animales debía realizarse con gran rapidez: no más de cuatro minutos durante el día y seis minutos durante la noche.

Los postillones y el sistema de viaje

Los postillones eran jóvenes encargados de acompañar a los viajeros hasta la siguiente posta y regresar luego con los caballos. Apenas se realizaba el cambio de animales, emprendían nuevamente el camino.

Los viajeros no podían llevar caballos propios. Debían tomarlos en cada posta del camino y pagar los derechos correspondientes según la tarifa establecida. Por esa razón, para establecer una posta era necesario contar con pastos y aguadas cercanas, que permitieran alimentar a los caballos.

Algunas postas crecieron con el tiempo y llegaron a convertirse en verdaderas posadas, incorporando incluso pulperías donde se reunían viajeros, arrieros y pobladores de la zona.

Transporte y caravanas

El transporte de mercaderías también tenía limitaciones propias de la época. Una carreta tirada por bueyes podía transportar alrededor de 1.500 kilogramos de carga, mientras que una mula podía transportar aproximadamente 150 kilogramos.

Las caravanas solían estar formadas por unas 40 mulas, aunque en algunas expediciones podían reunirse centenares de animales.

Un ejemplo histórico notable fue el del Ejército de los Andes, que durante el Cruce de los Andes liderado por José de San Martín utilizó alrededor de 10.000 mulas para transportar armamento, alimentos y equipamiento militar.

Fortines y frontera en la pampa

A medida que el territorio se fue poblando y avanzó la frontera hacia el oeste, el antiguo Camino Real también comenzó a estar acompañado por fortines, pequeñas construcciones defensivas realizadas generalmente con troncos de árboles.

Estos fortines tenían la función de vigilar el territorio y proteger a los viajeros, pero también formaban parte del sistema militar utilizado para extender las fronteras del Estado nacional durante el siglo XIX.

Muchos de ellos se levantaron en el marco de la llamada Conquista del Desierto, encabezada por Julio Argentino Roca, una campaña militar que avanzó sobre territorios habitados por pueblos originarios como mapuches, ranqueles y tehuelches.

En distintas regiones atravesadas por el antiguo Camino Real —especialmente en el sur de Córdoba y el centro de San Luis— estos fortines terminaron convirtiéndose con el tiempo en núcleos de población, dando origen a muchas ciudades actuales.

De camino colonial a ruta moderna

Con la llegada del ferrocarril a fines del siglo XIX, el antiguo Camino Real comenzó a perder protagonismo. El desarrollo del Ferrocarril General San Martín, originalmente el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, impulsó la aparición de nuevos pueblos alrededor de las estaciones ferroviarias.

Sin embargo, el crecimiento del transporte automotor en el siglo XX llevó al Estado argentino a reorganizar su red vial. Con la creación de la Dirección Nacional de Vialidad en 1932, comenzó la construcción de nuevas carreteras.

En 1935 se inició el desarrollo de una ruta paralela a la vía ferroviaria que terminaría recibiendo la denominación oficial de Ruta Nacional 7, heredera directa del antiguo Camino Real del Oeste.