Sarmiento sufrió otro golpe fuera de Junín. La derrota 2 a 0 frente a River en el Monumental no solo significó un nuevo traspié en el torneo, sino que volvió a dejar en evidencia uno de los principales problemas del equipo: su rendimiento como visitante.
El partido tuvo un punto de quiebre claro. La expulsión de Gabriel Díaz, en una acción que dejó mucha discusión, terminó condicionando el desarrollo del encuentro. Con el marcador todavía 0 a 0, el defensor vio la segunda amarilla y dejó a Sarmiento con diez jugadores ante un rival de jerarquía.
La primera amonestación llegó tras una fuerte entrada sobre Gonzalo Montiel. Si bien el lateral campeón del mundo terminó en el piso, también es cierto que Díaz se resbala en la acción y no parece tener intención de golpear con malicia. La segunda tarjeta, en cambio, ni siquiera tuvo repetición clara en la transmisión televisiva: un leve contacto con River avanzando que terminó derivando en la expulsión.
Con Darío Herrera como árbitro y el contexto del Monumental, el escenario era previsible.
Más allá de las polémicas, el error también fue de Sarmiento. La expulsión dejó al equipo en inferioridad en un momento clave y River aprovechó rápidamente. El primer gol llegó poco después, tras un córner ejecutado rápido que encontró dormida a la defensa visitante. Fue un golpe que el equipo sintió.
Desde allí, el desarrollo fue casi lógico. River manejó el partido, Sarmiento se defendió como pudo y el segundo tiempo transcurrió con el equipo de Facundo Sava intentando evitar una goleada mayor.
El arquero Javier Burrai —quien tuvo intervenciones importantes— evitó que la diferencia fuera más amplia, en una noche en la que River tampoco estuvo del todo fino en la definición.
La realidad es que Sarmiento nunca logró competir de igual a igual. Incluso antes de la expulsión ya le costaba tener la pelota y generar peligro. El arco rival le quedó demasiado lejos durante toda la noche.
En el complemento, los cambios tampoco lograron modificar el desarrollo del juego, algo que empieza a repetirse en varios partidos del equipo.
Los goles de River, además, dejaron algunas dudas: una posible mano previa en la jugada del primero y una posición adelantada en el segundo que desde la transmisión dieron como válidas. Sin embargo, la distancia que River sacó en el juego y en el resultado terminó dejando esas discusiones en un segundo plano.
La preocupación hoy pasa por otro lado.
Porque si bien perder contra River en el Monumental entra dentro de lo posible, lo que empieza a encender alarmas es la campaña de Sarmiento como visitante.
Hasta ahora, no sumó ni un solo punto fuera de Junín.
La lista es larga y preocupante. Cayó ante Argentinos Juniors en el último minuto, perdió con Independiente en un partido marcado por errores y pelotas paradas, cayó frente a Huracán tras una jugada que nació de un lateral y también fue derrotado por Estudiantes en una contra cuando el equipo quedó mal parado.
En todos los casos hubo algo en común: errores propios y la sensación de que el rival, tarde o temprano, terminaba imponiendo su jerarquía.
Así, Sarmiento fue el invitado de todas las fiestas cuando le tocó jugar afuera.
Y eso es un problema serio para un equipo que pelea por la permanencia. Porque si no sumás de visitante, toda la presión termina trasladándose a los partidos en Junín.
Por ahora, en el estadio Eva Perón la cuenta da. Sarmiento ha sabido hacerse fuerte, sumar puntos importantes y mantenerse competitivo. Pero el equilibrio se rompe cuando cada salida termina en derrota.
El próximo compromiso será frente a Aldosivi, un rival directo en la lucha por mantener la categoría. Será otra final para el equipo de Sava, en un contexto donde cada punto empieza a valer oro.
En el fútbol siempre hay tres resultados posibles, pero en campeonatos como este el triunfo se vuelve fundamental. Ganar cambia el ánimo, cambia la semana de trabajo y devuelve confianza a un plantel que hoy parece haberla perdido cada vez que juega lejos de Junín.
Porque esa es la sensación que dejó la noche en Núñez.
River no solo le ganó a Sarmiento. También lo superó con claridad, lo expuso y lo hizo dudar.
Ahora el desafío del equipo será volver a ponerse de pie rápidamente.
De local, la cuenta sigue cerrando.
De visitante, por ahora, sigue completamente en rojo.