19/03/2026 - Edición Nº483

Deportes

Fútbol

Ambos Mundos, campeón a su manera: invicto, resiliente y con una noche que terminó en fiesta

00:13 | Invicto en los 90 minutos, fuerte en la adversidad y contundente en la final, el "Tricolor" coronó una campaña inolvidable y desató una fiesta que Junín no olvidará fácilmente.



Hay equipos que salen campeones. Y hay equipos que construyen una historia. Lo de Ambos Mundos en el Torneo Nocturno de la Liga Deportiva del Oeste entra, sin dudas, en la segunda categoría.

El “tricolor” se consagró dejando una marca difícil de discutir: no perdió en los 90 minutos en todo el certamen. Invicto de punta a punta, con una única mancha que no alcanza a opacar la campaña: aquella final de ganadores que se le escapó por penales ante Defensa Argentina. Justamente el mismo rival al que terminaría venciendo en el duelo decisivo para quedarse con la copa.

Porque el fútbol, a veces, tiene esas vueltas que parecen escritas de antemano.

La gran final tuvo un contexto atípico. Sin público, con un clima enrarecido tras los incidentes que obligaron a suspender el encuentro anterior cuando Ambos Mundos se imponía 2 a 1. La reanudación, en el mismo escenario —la cancha de Mariano Moreno—, fue casi una formalidad competitiva pero cargada de tensión emocional.

Y ahí, en ese escenario silencioso pero pesado, el equipo volvió a hablar en la cancha.

Fue 4 a 1. Contundente. Sin discusión. Dos goles más para cerrar la historia y bajar el telón con autoridad. Entre ellos, una perla que ya quedó grabada en la memoria del torneo: el derechazo de Peralta al ángulo, un golazo que muchos ya señalan como el mejor del campeonato y que significó el 3 a 1 parcial, un golpe anímico imposible de revertir.

El pitazo final no tuvo tribunas explotadas, pero sí tuvo emoción. Dentro del campo, jugadores, cuerpo técnico y apenas diez dirigentes por lado armaron su propio festejo. Cantaron, se abrazaron, levantaron la copa. La prensa, acreditada desde la final anterior, fue testigo de una celebración íntima, pero no por eso menos genuina.

Sin embargo, la verdadera fiesta estaba esperando.

El plantel se subió a un colectivo y emprendió el recorrido hacia el corazón de Junín. En la Fuente del Milenio, los aguardaba lo que no pudo estar en la cancha: el pueblo tricolor. Hinchas, socios, familiares, allegados. Todos juntos para desatar el festejo que había quedado contenido.

Y de ahí, como marca la liturgia, la caravana siguió rumbo al estadio Edward Aramuru, donde la celebración se estiró hasta la madrugada. Cancha, club, pertenencia. Todo mezclado en una noche que quedará guardada.

Ambos Mundos fue más que un campeón. Fue un equipo sólido, convencido, que supo sostenerse incluso en la adversidad. Un justo ganador, de esos que no dejan dudas.

Y que, además, escribió una historia que en Junín va a tardar en olvidarse.