La situación de la Ruta Nacional 5 vuelve a encender señales de alarma. En un contexto de crecimiento sostenido del tránsito pesado, impulsado en gran parte por la actividad en Vaca Muerta, desde la organización Estrellas Amarillas advirtieron sobre un escenario cada vez más crítico, marcado por la falta de infraestructura, la reducción de controles y la paralización de obras clave.
Según consignó el medio El Salado, la presidenta de Estrellas Amarillas de Bragado, Silvia González, alertó que la habilitación de bitrenes y la expansión del desarrollo energético no convencional generaron un fuerte incremento en la circulación de camiones sobre este corredor estratégico.
Los datos reflejan con claridad la magnitud del fenómeno: el tránsito diario de vehículos de gran porte pasó de unos 500 a cerca de 2000, sin que ese aumento haya sido acompañado por mejoras en la traza ni por un refuerzo en los controles.
Pero el impacto es aún mayor si se observa la dinámica vinculada directamente a Vaca Muerta. Tal como explicó el perito Jorge Lasala, el auge del fracking impulsó un flujo constante de transporte de arena —principalmente desde Entre Ríos—, insumo esencial para la actividad petrolera. Según detalló, llegaron a registrarse unas 3.000 bateas diarias saliendo desde la zona del litoral, de las cuales cerca del 80% circula por la Ruta 5.
Actualmente, el movimiento ya se ubica entre 3.500 y 3.800 camiones por día, con proyecciones que podrían llevar esa cifra hasta los 7.000 hacia fin de año, lo que intensifica aún más la presión sobre una ruta que, según especialistas, “ya no da abasto”.
Menos controles y obras paralizadas
En paralelo al crecimiento del tránsito, desde Estrellas Amarillas señalaron un retroceso en las herramientas de fiscalización: menos balanzas para el control de cargas, menor presencia de móviles de asistencia y escasos operativos sostenidos a lo largo del recorrido.
A esto se suma la paralización de la obra de transformación en autopista en tramos estratégicos, como el que une Chivilcoy con Mercedes, donde además se registraron despidos de trabajadores y maquinaria detenida. La falta de avances en esta infraestructura clave agrava un panorama ya complejo.
Una ruta exigida al límite
La Ruta 5 se consolidó como el camino más directo entre el Área Metropolitana de Buenos Aires y el principal polo energético del país. Sin embargo, su diseño —en gran parte de un carril por mano y sin separación física— no está preparado para absorber el volumen actual de tránsito, que combina vehículos particulares, producción regional y transporte pesado intensivo.
Esta convivencia en una traza saturada eleva significativamente los riesgos. Cada maniobra de sobrepaso, cada cruce y cada distracción se vuelven factores críticos en términos de seguridad vial.
Impacto económico y riesgo creciente
El fenómeno también tiene su contracara positiva: el crecimiento del transporte genera un movimiento económico en localidades del corredor, con mayor demanda de camiones, bateas y servicios asociados como estaciones de servicio, paradores y logística.
Sin embargo, ese dinamismo convive con un aumento del peligro en la circulación. La falta de obras, controles y planificación integral coloca a la Ruta 5 en una situación límite.
“Es una situación muy alarmante y angustiante”, remarcaron desde Estrellas Amarillas, al tiempo que insistieron en la necesidad de reactivar las obras paralizadas, reforzar los controles y avanzar en una solución estructural de fondo, como la construcción de una autovía.
Mientras el flujo hacia Vaca Muerta no deja de crecer, la Ruta 5 sigue transitando una delgada línea entre el desarrollo productivo y el riesgo permanente para miles de usuarios.