04/07/2026 - Edición Nº590

Junín

iniciativa

Del almacén del abuelo italiano a fábrica de alfajores: la historia de DelGino, el emprendimiento que nació en Agustín Roca

10:58 | Miguel Corbanini dejó atrás su trabajo en relación de dependencia para dedicarse de lleno a un emprendimiento familiar. Hoy, junto a su esposa, su hija y sus hermanos, produce miles de alfajores artesanales bajo la marca DelGino y sueña con llevar el nombre desde el pueblo a toda la Provincia.


por Agustín Panizza


Hay emprendimientos que nacen de una oportunidad de negocio. Otros, en cambio, surgen de historias familiares que atraviesan generaciones. DelGino pertenece a este último grupo.

La fábrica de alfajores artesanales funciona en Agustín Roca, localidad ubicada a pocos kilómetros de Junín. Pero el edificio donde hoy se elaboran cientos de alfajores por semana no siempre tuvo ese destino. Durante décadas fue el almacén de Don Gino, un inmigrante italiano que llegó a la Argentina después de la guerra y construyó su vida en el pueblo, junto a su mujer Santa Roberta.

Allí, entre recuerdos familiares, fotografías y el legado de varias generaciones, el nieto Miguel Corbanini decidió cambiar radicalmente su vida y se lanzó de lleno a un proyecto que venía madurando desde hacía años.

"Esto viene de mucho tiempo atrás. Mi viejo era muy emprendedor. En una época tuvo una fábrica de pastas y también empezó a hacer alfajores de maicena y de chocolate. Yo tendría unos 18 años cuando pasó eso. Después no siguió, pero quedó esa idea dando vueltas en la familia", contó Corbanini en diálogo con El Diario del Lunes.

El alfajor que nació en pandemia

La historia reciente de DelGino comenzó durante la pandemia. Como ocurrió con muchos emprendimientos gastronómicos, el aislamiento generó tiempo para experimentar, probar recetas y recuperar viejos proyectos.

"Siempre nos quedó esa intriga del alfajor. En pandemia, estando con mi familia, empecé a hacer pruebas. Busqué una receta de alfajor y empecé a modificar algunas cosas, sobre todo algunos ingredientes, hasta encontrar un producto que me gustara", recordó.

Los primeros degustadores fueron los familiares más cercanos. "Se los daba a probar a mi hermano, a la familia, a los amigos. A todos les gustaba. Entonces seguí investigando, buscando maquinarias y aprendiendo más sobre el tema", explicó.

Lo que comenzó como una experiencia casera fue transformándose lentamente en un proyecto empresarial. "Siempre seguí con la idea. Miraba máquinas, averiguaba procesos, pensaba cómo podía hacerlo. No fue algo que apareció de un día para otro", señaló.

La decisión que cambió todo

El punto de inflexión llegó a fines de 2024. "En ese momento surgió la posibilidad de acceder a un retiro voluntario y no dudé demasiado. Lo aproveché y en marzo de 2025 me fui del trabajo. Ahí empezó todo de verdad", relató.

La decisión implicaba abandonar la seguridad de un empleo estable para apostar por un emprendimiento propio. "La verdad es que me cambió todo. Ahora manejo mis tiempos. Hoy me organizo mis horarios de otra manera y disfruto muchísimo más lo que hago", aseguró.

Con la decisión tomada, comenzó la transformación del viejo almacén familiar. "El local era de mi abuelo. Ahí funcionaba una despensa muy conocida en el pueblo. Con mis hermanos empezamos a arreglarlo, a reformarlo todo y a adaptarlo para instalar las máquinas", recordó.

El legado de Don Gino

Hablar de DelGino es hablar inevitablemente de la historia familiar. El nombre elegido para la marca no fue casual.

"Es un nombre familiar. 'Del' viene por mi padre, que era 'Delmar' y 'Gino' por mi abuelo. Con mis hermanos empezamos a buscar nombres y surgió DelGino. Es una forma de homenajear a los dos", explicó.

La figura del abuelo sigue muy presente en la fábrica. "Mi abuelo llegó desde Italia, anduvo por varios lugares hasta que terminó instalándose en Roca. Ahí abrió su almacén y pasó toda su vida junto a mi abuela Santa", contó.

Para Miguel, volver a darle vida a ese edificio tiene un significado especial. "Nosotros de chicos íbamos siempre al almacén. Era un lugar muy importante para la familia. Hoy entrar a trabajar ahí tiene una carga emocional enorme. Tengo una foto de mis abuelos colgada en la fábrica y todos los días la veo", dijo.

Entre risas también recordó algunas características de aquel inmigrante italiano. "Era muy tano. Hablaba atravesado, tenía esas cosas típicas de los italianos de aquella época", comentó.

Una producción familiar

DelGino no es solamente el proyecto de Miguel, ya que la producción involucra a varios integrantes de la familia.

"Con relación a mis hermanos, siempre conté con el apoyo de todos, ayudando en la limpieza y ordenar la casa de mi abuelo. La verdad es que sin ellos hubiera sido mucho más difícil", reconoció.

Un alfajor artesanal

La propuesta de DelGino apunta a diferenciarse dentro de un mercado donde cada vez aparecen más marcas artesanales.

Actualmente producen una sola variedad: alfajor de chocolate con dulce de leche. Sin embargo, el producto tiene características particulares.

"El alfajor pesa 90 gramos y es más grande que el tamaño convencional. El diámetro ronda los siete centímetros y medio. Lo quise hacer un poco más grande que los alfajores tradicionales", explicó.

Pero el tamaño no es el único diferencial. "Lo que más me dicen es que está equilibrado. Que no empalaga. Tiene la cantidad justa de dulce de leche y de chocolate. Eso fue algo que busqué desde el principio", afirmó.

Cabe destacar que la elaboración es completamente artesanal y sin conservantes. "Es un producto muy sano. No tiene conservantes ni colorantes artificiales. Por eso el vencimiento ronda los 30 o 37 días. Pero tiene mucha rotación", explicó.

Según detallan desde la empresa, los alfajores se elaboran con harina, azúcar, manteca, huevos, dulce de leche, chocolate y esencia de vainilla, utilizando materias primas de primera calidad.

El desafío de crecer

La respuesta del mercado superó las expectativas iniciales. "Empecé produciendo unos 400 alfajores por semana. Eso daba alrededor de 1.600 por mes. Hoy ya estoy haciendo cerca de 3.200 mensuales", contó Corbanini.

Ese crecimiento obligó a replantear procesos y realizar nuevas inversiones. "Al principio hacíamos la masa y después la bajábamos a mano. Era un trabajo enorme. Ahora compré una laminadora que simplifica muchísimo el proceso", explicó.

Pero los planes no terminan ahí. "También voy a incorporar una dosificadora automática y bañadora automática. Ahí vos ponés el dulce de leche, configurás los gramos que querés y la máquina trabaja sola", detalló.

El objetivo final es contar con una línea de producción integrada. "Sería una línea completa. La galletita pasa, se dosifica el dulce de leche, se arma el alfajor, pasa por la bañadora automática y sale terminado del otro lado. Después sólo queda secarlo y envolverlo", describió.

Más allá de Junín

Actualmente los alfajores se comercializan en distintos comercios de Junín. "Estamos entrando en cada vez más negocios. Todavía no tengo una experiencia suficiente para saber dónde se estabiliza la demanda porque seguimos creciendo", explicó.

La distribución comenzó en algunos puntos específicos de la ciudad y luego se fue ampliando. "Estamos en la zona bancaria, en algunos comercios del centro y también en muchos negocios alejados del casco céntrico".

Además ya hubo experiencias fuera del partido. "He vendido en Lincoln. Ahora estoy haciendo todos los trámites necesarios para poder expandirme más", indicó.

La necesidad de aumentar la capacidad productiva está directamente relacionada con esa expansión. "Me están pidiendo producto de otros lugares y para poder responder necesito producir más. Por eso las inversiones en maquinaria son tan importantes", sostuvo.

Un emprendimiento con identidad roquense

Más allá del crecimiento comercial, Miguel tiene un objetivo muy claro: que DelGino también funcione como una carta de presentación de Agustín Roca.

"Quiero aportar al crecimiento que está teniendo el pueblo. Voy a seguir trabajando sobre eso porque me interesa que el emprendimiento represente al lugar donde nació", afirmó.

"Estamos recién empezando. Lo que quiero es mantener esto en el tiempo. No que sea algo pasajero. Quiero que DelGino crezca, que se consolide y que siga identificándose con Roca", concluyó.

Mientras las nuevas máquinas comienzan a llegar y la producción sigue creciendo, en el antiguo almacén de Don Gino la historia familiar suma un nuevo capítulo.

Uno que combina tradición italiana, espíritu emprendedor y el sueño de una familia que encontró en un alfajor artesanal una forma de honrar su pasado y construir su futuro.