La historia política argentina del siglo XIX estuvo marcada por enfrentamientos armados, revoluciones y elecciones atravesadas por el fraude y la violencia. En ese contexto, Junín fue escenario de uno de los episodios más trascendentes de la última gran revolución encabezada por el expresidente Bartolomé Mitre.
Fue en diciembre de 1874 cuando el expresidente de la República llegó a la ciudad derrotado, decidido a poner fin al levantamiento que había iniciado contra el gobierno constitucional de Nicolás Avellaneda.
Durante gran parte del siglo XIX, los procesos electorales argentinos estaban lejos de ser democráticos. El voto no era secreto ni obligatorio: se emitía públicamente y de viva voz, generalmente en el atrio de las iglesias.
Las elecciones solían desarrollarse bajo un fuerte clima de intimidación. Grupos armados controlaban los lugares de votación y quienes manifestaban apoyo al sector opositor podían sufrir agresiones o persecuciones. El fraude electoral era una práctica habitual y el poder político se definía muchas veces tanto en las urnas como en los campos de batalla.
En ese escenario, Bartolomé Mitre llegó a la Presidencia en 1862, iniciando el ciclo de las llamadas Presidencias Históricas, que continuaría con Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda, período fundamental para la consolidación del Estado nacional luego de la unificación del país tras la batalla de Pavón.
Doce años después de asumir la Presidencia, Mitre volvió a convertirse en protagonista de la política nacional, aunque esta vez desde la oposición.
Tras ser derrotado por Nicolás Avellaneda en las elecciones presidenciales de 1874, denunció irregularidades en los comicios y encabezó una revolución armada para impedir la asunción del nuevo mandatario.
Si bien existieron denuncias de fraude, distintos historiadores coinciden en que las prácticas electorales cuestionadas eran habituales en ambos sectores políticos de la época.
Mientras otra rebelión estallaba en las provincias de San Luis y Córdoba bajo el mando del general José Miguel Arredondo, Mitre organizó sus fuerzas en la provincia de Buenos Aires, reuniendo cerca de cinco mil hombres entre militares, voluntarios y contingentes provenientes de la frontera.

Frente al avance revolucionario, el Gobierno nacional respondió organizando una fuerza de aproximadamente 900 soldados al mando del coronel José Inocencio Arias, veterano de la Guerra del Paraguay.
El enfrentamiento decisivo ocurrió el 26 de noviembre de 1874 en la estancia La Verde, ubicada en el actual partido de 25 de Mayo.
Arias decidió aprovechar al máximo la inferioridad numérica de sus tropas. Atrincheró a sus hombres en el casco de la estancia, levantó parapetos entre los montes y distribuyó estratégicamente a la infantería, equipada con armamento moderno y de gran poder de fuego.
Mitre, convencido de que la superioridad numérica le garantizaría la victoria, ordenó el ataque.
La estrategia resultó un desastre.
Las cargas de caballería revolucionarias fueron rechazadas una y otra vez por el intenso fuego de la infantería gubernamental. Los soldados de Arias, veteranos de la Guerra del Paraguay, resistieron cada embestida y provocaron importantes pérdidas entre las fuerzas mitristas.
Después de varias horas de combate, Mitre comprendió que la batalla estaba perdida y ordenó la retirada.
Lejos de perseguir a los vencidos, Arias dispuso atender a los heridos enemigos y recuperar a los caídos. Incluso envió una carta al propio Mitre informándole que sus hombres estaban siendo asistidos y preguntando por el estado del coronel Francisco Borges, uno de sus antiguos compañeros de armas, quien había resultado gravemente herido y fallecería dos días más tarde.
Tras la derrota, Mitre reunió a su consejo de guerra para evaluar los pasos a seguir.
Arias le propuso negociar una rendición honorable. El expresidente aceptó discutir esa posibilidad, aunque puso condiciones: pidió garantías para los jefes y oficiales que lo habían acompañado, amnistía para soldados y civiles, y manifestó que él quedaría a disposición del Gobierno nacional.
Mientras las negociaciones avanzaban, Mitre inició el camino hacia Junín.
Pasó por 9 de Julio y Bragado hasta arribar a la ciudad, donde permaneció algunos días en la casa de su amigo Narbondo, ubicada en el predio donde actualmente funciona la Escuela de Educación Secundaria Técnica 1.
Su presencia en Junín era una señal inequívoca: la revolución había llegado a su fin.
El 1 de diciembre de 1874, tanto las tropas revolucionarias como las fuerzas gubernamentales coincidieron en Junín.
Arias solicitó una nueva entrevista con Mitre sin conocer todavía la respuesta definitiva del presidente Avellaneda, quien aceptaba conceder amnistía a soldados y civiles, aunque pretendía sancionar a los principales jefes del levantamiento.
Durante aquel encuentro se produjo uno de los diálogos más recordados entre ambos militares.
Al despedirse, Mitre felicitó a Arias por su reciente ascenso y le expresó:
"Quizá sea usted el único jefe que puede mostrar sus despachos con el visto bueno firmado por el enemigo y con el asentimiento del pueblo."
Poco después, rodeado de sus oficiales, Arias ingresó al campamento de Mitre.
El expresidente entregó sus armas y formalizó su rendición, siendo tratado con respeto militar por quienes pocas horas antes habían sido sus adversarios en el campo de batalla.
Días después, las tropas revolucionarias iniciaron la marcha hacia Chacabuco, continuaron por Chivilcoy y finalmente llegaron a Mercedes, donde fueron desmovilizadas.
Mitre y los principales jefes rebeldes fueron detenidos y trasladados a la cárcel de Luján.
La derrota de Mitre quedó definitivamente sellada pocos días más tarde con el fracaso de la otra insurrección encabezada por José Miguel Arredondo en la batalla de Santa Rosa.
Con ambos levantamientos sofocados, el gobierno de Nicolás Avellaneda logró consolidarse y continuar su mandato sin nuevas amenazas militares de magnitud.
José Inocencio Arias fue ascendido por su actuación en La Verde. Su carrera continuó en ascenso hasta convertirse en general y, décadas más tarde, ejercer como gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Para Bartolomé Mitre, en cambio, la revolución de 1874 marcó el final de su protagonismo militar. Continuó siendo una de las figuras políticas e intelectuales más influyentes del país, pero nunca volvió a reunir el poder ni el apoyo que había tenido antes de aquel levantamiento.
Junín quedó así ligada a uno de los capítulos más significativos de la historia argentina: el lugar donde el expresidente Bartolomé Mitre puso fin a su última revolución y selló una rendición que cambió definitivamente el rumbo de su vida política.