por Agustín Panizza
Mucho antes de que Lionel Messi y Rodrigo De Paul eligieran Miami como destino para continuar sus carreras, cuando el fútbol estadounidense todavía buscaba abrirse camino entre los deportes más populares del país, un juninense fue protagonista de aquellos primeros pasos.
Rodolfo Vergara, reconocido médico pediatra de Junín, llegó a Estados Unidos a comienzos de la década del 70 para completar su formación profesional y terminó encontrando, casi de casualidad, una puerta de entrada al incipiente mundo del soccer.
Su historia combina dos de sus grandes pasiones: la medicina y el fútbol. Pero, sobre todo, refleja una época completamente diferente a la actual, cuando jugar al fútbol en Estados Unidos era una experiencia casi exótica para un argentino.
“Mientras estaba en el colegio secundario hice las divisiones inferiores en Newbery”, recuerda Vergara en diálogo con El Diario del Lunes. Allí compartió cancha con futbolistas que quedaron en la memoria del fútbol juninense, entre ellos el Colorado Silva, el Negro Bocaccio, Juan Carlos Vilches y Guillermo Pajoni, hijo del reconocido pediatra juninense.
Su vínculo con el fútbol continuó cuando se trasladó a Córdoba para estudiar. Allí llegó a probarse en Belgrano, aprovechando que vivía cerca de la institución. Sin embargo, tomó una decisión que marcaría el rumbo de su vida.
“Me fui a estudiar a Córdoba y allá me fui a probar un par de veces a Belgrano. Vivía ahí cerquita, pero decidí que tenía que estudiar y no jugar al fútbol en ese momento”, cuenta.
La medicina terminó imponiéndose. Una vez recibido, y apenas un año después de finalizar sus estudios, decidió viajar a Estados Unidos junto a un amigo muy cercano para realizar la especialización que ambos querían: pediatría.
El viaje comenzó en 1972, cuando Vergara llegó a Pittsburgh, Pensilvania, para realizar un internado rotatorio. La experiencia consistía en pasar por distintas especialidades médicas antes de continuar con la formación específica.
En 1973 llegó una nueva etapa: la residencia en Tulsa, Oklahoma, la segunda ciudad más importante del estado. Fue allí donde el fútbol volvió a aparecer.
Durante su primer año en Estados Unidos, Vergara prácticamente no había visto a nadie jugando al fútbol. El deporte era todavía muy marginal y, para un argentino acostumbrado a la pasión que despertaba la pelota, aquello resultaba llamativo.
Hasta que un día se cruzó con un joven que hacía jueguitos con una pelota.
“En mi segundo año en Estados Unidos me encuentro con un joven que estaba jugando, haciendo jueguito con una pelota de fútbol, nuestro fútbol, el fútbol que ellos le dicen soccer”, relata.

Vergara se acercó, preguntó y descubrió que existía un equipo que practicaba y competía en Tulsa. La oportunidad estaba ahí.
Se incorporó al International Soccer Club, un equipo que reunía a jugadores estadounidenses y extranjeros. Había entre cinco y seis estadounidenses y futbolistas provenientes de distintos países: Argelia, Suiza, Alemania, Brasil y Argentina.
“Yo era el único argentino. Era un mix, una mezcla de extranjeros y americanos nativos”, recuerda.
El equipo posteriormente cambió su nombre y pasó a llamarse Tulsa Shacks, en un contexto en el que el fútbol comenzaba lentamente a ganar espacio en Estados Unidos.
La competencia en la que participaban era conocida como Soccer League, un antecedente de lo que décadas después se convertiría en la Major League Soccer, la MLS que hoy reúne a grandes figuras internacionales.
En aquellos años, sin embargo, la realidad era completamente diferente.
Los equipos disputaban torneos y partidos regionales y viajaban a otras ciudades y estados vecinos. Para Vergara, más allá de los resultados deportivos, la experiencia quedó grabada por el ambiente y por la posibilidad de jugar al fútbol en un país donde el deporte todavía estaba dando sus primeros pasos.
“Realmente no tengo bien preciso cuáles eran los resultados en ese momento. Sé que la pasábamos muy bien”, reconoce.

Aquello ocurría durante los años 1973, 1974 y 1975, mucho antes de que Estados Unidos se transformara en uno de los mercados más atractivos para las grandes estrellas del fútbol mundial.
El crecimiento del soccer tenía por entonces un nombre propio: Pelé. El astro brasileño había llegado a Estados Unidos para jugar en el New York Cosmos y su presencia produjo un impacto enorme en la difusión del deporte.
Vergara recuerda aquellos años como el comienzo de un movimiento que cambiaría progresivamente la relación de los estadounidenses con el fútbol.
“Había llegado por esos momentos, creo que fue a fines de los 60, y se había instalado en Nueva York Pelé. Entonces, de ahí empezó el gran movimiento del soccer en Estados Unidos”, señala.
La llegada de Pelé no solo significó la incorporación de una leyenda del fútbol mundial a una liga todavía pequeña. También ayudó a instalar el deporte entre sectores de la sociedad que hasta entonces prácticamente no tenían contacto con él.
Y Vergara pudo observar ese proceso desde adentro.
Una de las experiencias que más lo sorprendió ocurrió fuera de las canchas. Los integrantes del equipo comenzaron a recibir invitaciones de escuelas primarias para enseñarles a los chicos las nociones básicas del fútbol.
“Nos llamaban de las escuelas primarias para que les diéramos las nociones básicas sobre el juego, porque ellos no tenían ni idea cómo era. Recién estaba empezando”, explica.
Para el médico juninense, acostumbrado a la cultura futbolística argentina, había otro aspecto que resultaba todavía más llamativo. En las escuelas estadounidenses, niños y niñas participaban juntos de las actividades.

“Había chiquitos de 6, 7, 8 años, de los primeros grados de la primaria, y había varones y mujeres. Ellos empezaron a darle clases a los chicos ya mixto”, recuerda.
La escena contrastaba fuertemente con la realidad que Vergara había conocido en Argentina. “Yo venía de acá, del fútbol nuestro en esa época, que era fútbol todo masculino. No existía aún el fútbol femenino. Ellos ya empezaron con la idea de hacer jugar a varones y mujeres”, relata.
La experiencia de Rodolfo Vergara adquiere otra dimensión si se la mira desde el presente.
Hoy, Estados Unidos y particularmente Miami son destinos habituales para grandes figuras internacionales. Lionel Messi, Rodrigo De Paul y otras estrellas eligieron continuar allí sus carreras luego de haber desarrollado buena parte de su trayectoria en el fútbol europeo.
La MLS cuenta actualmente con estadios llenos, grandes contratos, transmisiones internacionales y jugadores de enorme reconocimiento mundial.
Pero cuando Vergara se puso la camiseta del International Soccer Club y luego del Tulsa Shacks, nada de eso existía.
No había estrellas argentinas desembarcando en Miami. No había una liga consolidada con la estructura actual. El soccer todavía debía convencer a los propios estadounidenses de que podía convertirse en un espectáculo de masas.
Por eso, aquella experiencia de un joven médico juninense que había viajado a Estados Unidos para estudiar pediatría también puede leerse como una pequeña historia dentro de la gran transformación que atravesó el fútbol estadounidense.
“Ese fue el paso mío por lo que fue el inicio de la MLS. Allá en ese momento se llamaba la Soccer League”, resume Vergara.
Una historia que comenzó en las inferiores de Newbery, continuó en una cancha de Belgrano que finalmente no eligió y terminó, casi de casualidad, en Oklahoma, jugando junto a futbolistas de distintos rincones del mundo.