30/08/2026 - Edición Nº647

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De Junín a Honduras: Dojo Leones, una escuela de artes marciales que crece con títulos, esfuerzo y compromiso social

12:26 | La academia juninense, dirigida por Claudio Moreno y que cuenta entre sus referentes con Marcos Barrutti, viene atravesando una etapa de fuerte crecimiento. En los últimos años sus integrantes participaron de competencias nacionales e internacionales. La escuela, que reúne a unos 30 o 40 alumnos, también sostiene becas para chicos de familias con dificultades económicas y busca convertir a las artes marciales en una herramienta de inclusión, disciplina y contención.



El camino que comenzó hace varios años con una pasión por las artes marciales hoy empieza a trascender las fronteras de Junín. Dojo Leones, una escuela de artes marciales de la ciudad, viene desarrollando durante los últimos tres años un proyecto que combina formación, competencia, capacitación y un fuerte compromiso con quienes encuentran en el deporte un espacio de contención.

Al frente de la academia está Claudio David Moreno, juninense y practicante de artes marciales desde los 9 años. Su historia con esta disciplina comenzó cuando era apenas un niño y rápidamente empezó a destacarse en competencias.

“Doy clases de full contact y kickboxing. Soy primer cinto negro, primer dan de kickboxing y segundo dan de full contact”, explicó Moreno a El Diario del Lunes.

Su recorrido comenzó en la infancia y tuvo un momento muy importante cuando, a los 12 años, consiguió consagrarse campeón mundial en Oyama. “Tuve la oportunidad de salir campeón mundial en Oyama a los 12 años. La verdad que era muy chico y no comprendía la magnitud de un Mundial en esos momentos. Eran increíbles”, recordó.

Aquel niño también fue campeón nacional y provincial y durante varios años se mantuvo fuertemente vinculado a las artes marciales. Sin embargo, las circunstancias de la vida hicieron que tuviera que alejarse de la actividad.

“En ese momento estaba muy afiladísimo con el tema de las artes marciales. Después, cuestiones de la vida, tuve un hijo, fui dejando. Realmente tenía que meterme en el trabajo”, contó.

Con el tiempo, Moreno volvió a encontrar su lugar en las artes marciales. Hace aproximadamente seis años comenzó nuevamente a dar clases y terminó construyendo su propia escuela.

“Hoy por hoy, ya hace seis años que estoy dando clases de artes marciales, tengo mi propia escuela, soy mi propio director”, señaló. Hace tres años comenzó además a trabajar junto a Marcos Barrutti, una sociedad que terminó siendo fundamental para el crecimiento de Dojo Leones.

Una escuela que empezó a competir y a crecer

Para poder formalizar la actividad y avanzar dentro de las estructuras internacionales de las artes marciales, Moreno y sus compañeros comenzaron a trabajar con distintas organizaciones.

“Para entrar a la Confederación Internacional de las Artes Marciales, y que mi escuela sea legal y tenga matrícula y todo, nos pusimos Dojo Leones”, explicó.

A partir de allí fueron integrándose a diferentes circuitos y competencias. Una de las principales plataformas en las que comenzaron a participar fue la WKF, una organización internacional vinculada al kickboxing.

“Hace tres años que venimos compitiendo en lo que es WKF, una de las ligas amateurs mundialmente reconocidas”, destacó Moreno.

La escuela atravesó desde entonces todo tipo de experiencias deportivas. “A lo largo de este tiempo hemos ganado, hemos perdido, hemos empatado, hemos hecho muchas competencias de exhibición”, contó.

El proceso fue progresivo. Primero tuvieron que formar a los alumnos, sumar experiencia y comenzar a competir. Luego aparecieron las oportunidades para disputar títulos.

“Arranqué dando clases. De a poquito nos fuimos integrando en lo que eran las competencias porque lleva tiempo hasta que los chicos se forman y la escuela va creciendo”, explicó.

Una de esas primeras experiencias importantes fue una competencia en la que participaron cuatro integrantes de la escuela. Allí obtuvieron victorias que les permitieron acceder a nuevas oportunidades.

“Llevamos cuatro competidores. Hubo competencia de kickboxing. Nos ganamos como equipo, entrenadores, Marcos Barrutti, yo, Claudio Moreno, y Jalet Emilio, nuestro primer cinturón sudamericano contra un muchacho de otro país”, relató.

A partir de esos resultados se abrió una nueva puerta: la posibilidad de competir en un Sudamericano organizado en La Plata.

El salto a las competencias internacionales

El crecimiento deportivo continuó durante este año con distintas participaciones. Moreno recuerda especialmente un torneo realizado en Moreno, en la localidad de La Reja, donde participó en la modalidad point fighting.

Se trata de una modalidad en la que los combates se detienen después de cada punto y los competidores van acumulando unidades hasta avanzar en el torneo. “Llegué a la medalla de plata. Entonces eso me dio la clasificación”, explicó.

Ese resultado fue determinante porque sus maestros comenzaron a observarlo con vistas a un evento internacional que se realizaría en Honduras.

A partir de allí, cuatro representantes de Dojo Leones consiguieron resultados que les permitieron obtener la posibilidad de representar a la Argentina.

Fueron seleccionados Ticiano Sernada, de 11 años; Nehemías Ledesma, también de 11; Fernando Esquivel, de 19; y Marcos Barrutti.

“Ellos realmente salieron primeros en sus categorías. Uno hizo low kick, los otros dos nenes hicieron kick light y Marcos Barrutti hizo la modalidad de contacto”, detalló Moreno.

Los resultados fueron suficientes para que la escuela obtuviera la clasificación al Mundial Abierto de Artes Marciales de Honduras.

“Eso nos dio la posibilidad de representar a la selección argentina en el Mundial Abierto de Honduras, en el Mundial de Artes Marciales Abierto al Mundo. La verdad que fue increíble y realmente todo un desafío”, expresó.

El esfuerzo para poder viajar

Pero conseguir la clasificación no significaba necesariamente poder viajar. La situación económica de los integrantes de la escuela hacía imposible que todos los clasificados pudieran trasladarse hasta Honduras. Por eso comenzó otra etapa: juntar dinero.

Organizaron bonos de contribución, rifas, comidas y hasta remeras con sponsors. Cada integrante aportó lo que pudo. “Nos hicimos remeras de sponsor para poder llegar al Mundial de Honduras, sacamos un bono de contribución. La gente ayudó todo lo que pudo”, contó Moreno.

Finalmente, decidieron que uno solo de los integrantes viajara. “No teníamos la posibilidad de ir todos los clasificados. Juntamos entre todos para que pudiera viajar uno y decidimos realmente quién tenía un poco más de oportunidad y serenidad para ir”, explicó.

La elección recayó en Marcos Barrutti. La decisión también tuvo una razón práctica. Si viajaban ambos referentes, la escuela podía quedar sin sus principales responsables. “Si no íbamos los dos, a la hora de volver ya no íbamos a tener alumnos, no íbamos a tener nada. Por eso tuvimos la decisión de que viajara yo”, explicó Barrutti.

Así comenzó una de las experiencias más importantes de su vida.

Marcos Barrutti: de una etapa oscura a un Mundial en Honduras

La historia de Barrutti tiene un componente personal que atraviesa toda su relación con las artes marciales.

Había practicado desde los 14 hasta los 18 o 19 años, pero se alejó de la actividad cuando ingresó al trabajo y posteriormente comenzó otra etapa de su vida.

Años después atravesó una sucesión de situaciones personales difíciles que lo llevaron a tocar un momento muy bajo.

“Volví después en una etapa mala de mi vida. Estaba enojado con la vida, había perdido, me había quedado sin un trabajo, había perdido a mi hija, me había separado. Todo eso en unos 13 o 14 meses”, recordó.

“Estaba muy deprimido, estaba muy enojado con la vida, no quería seguir con nada”, agregó.

En ese momento volvió a preguntarse qué quería hacer y quién quería ser. Fue entonces cuando recordó las artes marciales y llegó hasta la escuela de Claudio Moreno.

“Entré preguntando por la escuela de Claudio, la cual me abrió las puertas. Me reconoció varios cinturones que yo ya había rendido, que tenía mi diploma y, a partir de ahí, arranqué la carrera con él”, contó.

Desde entonces comenzó nuevamente a rendir cinturones y a formarse como instructor. Actualmente se encuentra cerca de alcanzar el cinturón negro.

“Ya soy instructor. Después del cinturón azul uno ya está apto como para ser instructor. La idea es que se vayan formando para ayudarle a ser profesor”, explicó.

Para Barrutti, el regreso a las artes marciales terminó siendo mucho más que una actividad deportiva. “La idea es seguir dedicándome a esto, que es algo que no solo me gusta, sino que me hizo muy bien. Me ayudó a salir, me hizo reencontrarme conmigo y tener un propósito que ya había perdido”, sostuvo.

Su primer viaje en avión y la llegada a Honduras

El viaje al Mundial tuvo además otro significado para Barrutti: nunca había viajado en avión y jamás había salido del país. “Fue mi primer viaje en avión, mucho más salir del país. Fue completamente solo”, contó.

La experiencia tuvo un componente de incertidumbre. En Honduras tenía contacto con el presidente de la organización internacional, pero hasta entonces se habían comunicado principalmente por teléfono.

“Si bien allá conviví con dos argentinos más, eran de Buenos Aires y yo no los conocía. El contacto con este maestro de Honduras, presidente de la SIAM, había sido solamente por teléfono”, relató.

A pesar de eso, decidió confiar. “Fue como una aventura y como decir: confiar un poco. Confié en que no había maldad y confié en que iba a seguir todo bien”, expresó.

La recepción que encontró fue mucho mejor de lo que esperaba. Durante cinco días convivió con una familia vinculada a la organización y pudo conocer de cerca la realidad del país. “Me trataron muy bien. Son muy buena gente”, destacó.

Más allá de las diferencias culturales y económicas, Barrutti se llevó también aprendizajes que excedieron completamente al deporte. “Aprendí muchísimo de lo que es la vida, la política, la economía allá, la forma en la que se vive, que se alimenta y lo diferente que es acá”, señaló.

Dos podios internacionales

En el Mundial, Barrutti tuvo que competir en distintas modalidades y adaptarse a diferentes reglas. En point fighting consiguió el tercer puesto. “Tuve varias peleas por puntos, en las cuales quedé tercero”, explicó.

Posteriormente disputó una pelea de full contact, una modalidad de combate continuo. “Después tuve una pelea de full contact. Eso es combate continuo. Era una sola y había un ganador. En esa saqué segundo porque, obviamente, me ganó por puntos”, relató.

Así, el representante de Dojo Leones regresó a Junín con un segundo puesto mundial en full contact y un tercer puesto en point fighting. Para Moreno, los resultados tienen un valor todavía mayor por las características del evento. “En un Mundial es difícil. Sabemos que van a representar los mejores de cada país”, señaló.

En Honduras participaron representantes de distintos países de América Central y otros puntos de la región, entre ellos México, El Salvador, Panamá y Guatemala.

Que una escuela pequeña de Junín pudiera estar presente en ese escenario fue considerado por sus integrantes como un logro en sí mismo.

“El Dojo Leones ya está representándonos en otro país, siendo realmente una escuela dentro de todo muy chica, comparada con las escuelas grandes”, destacó Moreno.

Muchas disciplinas, distintas reglas

Una de las características de Dojo Leones es que no se concentra exclusivamente en una modalidad. Moreno explica que las artes marciales y los deportes de contacto tienen distintas disciplinas y reglamentos.

En full contact, por ejemplo, el combate tiene similitudes con el boxeo, pero incorpora patadas de la cintura hacia arriba. “Existen giratorias, frontales, varios tipos. Giro, salto, pero no se puede pegar en las piernas”, explicó.

En kickboxing se incorporan golpes a las piernas y otras técnicas. “Son las manos como boxeo, pero se puede pegar de la cintura para abajo en las piernas”, detalló.

También existen las modalidades low kick, K1 y muay thai, que van incorporando progresivamente otras técnicas, como las rodillas. “Esto va creciendo día a día, mes a mes, año tras año. Van apareciendo nuevas cosas y mejores”, explicó Moreno.

Otra modalidad que practican es el point fighting, donde los competidores buscan marcar puntos con técnicas precisas.

“Puede ir fuerte como puede ir suave, pero la velocidad y a dónde tocó al compañero es punto. Se para automáticamente, se suma el punto y se comienza el combate”, explicó.

La idea de los responsables de Dojo Leones es continuar capacitándose y abarcar la mayor cantidad de disciplinas posibles.

Una escuela que también funciona como espacio de contención

El proyecto de Dojo Leones no se limita a los torneos. Actualmente la escuela tiene alrededor de 30 a 40 alumnos y una parte importante del trabajo está relacionada con la posibilidad de que chicos que no cuentan con recursos puedan acceder a las clases.

Moreno explicó que varios alumnos están becados. “Yo les digo que están becados, pero ellos piensan que alguien me da su plata. En realidad, yo les doy la oportunidad de entrenar porque lo necesitan”, señaló.

La situación económica de muchas familias es una de las razones por las que decidió asumir personalmente el costo de esas clases. “Doy una mano bastante con los niños que por ahí los padres y madres solteras tienen que trabajar y su hijo está en la calle o solo en la casa. Es preferible que tengan esa hora, hora y pico, entrenando, descargando y sintiéndose apoyados en su grupo”, explicó.

Incluso comenzó a trabajar con chicos provenientes de un comedor. “Fui una vez a un comedor y les dije que me gustaría darles clases en mi gimnasio, si estaba la oportunidad de que se les consiguiera el dinero para la nafta y llevarlos”, relató. Actualmente son alrededor de siete, ocho o nueve chicos los que concurren desde ese espacio.

Para Moreno, el objetivo no es únicamente deportivo. “Les estoy dando una salida realmente psicológica para que conozcan su cuerpo, su mente, que estén respirando”, afirmó.

Y agregó: “Que si encuentran una situación peligrosa sepan un poquito qué hacer, y que su cuerpo no se dispare a un momento de shock o locura, sino que estén mucho más tranquilos”.

La propuesta de una clase gratuita de defensa personal para mujeres

En ese mismo sentido, Moreno tiene entre sus proyectos una iniciativa destinada especialmente a las mujeres. La propuesta consiste en ofrecer una clase semanal completamente gratuita de defensa personal, sin límite de edad.

“Lo que quería hacer, por el tema de la inseguridad de la parte femenina y de todo lo que está sucediendo, es tener la oportunidad de hacer una clase para mujeres todas las semanas totalmente gratuita”, explicó.

La idea no sería únicamente enseñar técnicas físicas. Moreno considera fundamental trabajar también el control de la respiración y la reacción frente a situaciones de peligro.

“Hacer una clase grupal, que la gente copie una autodefensa para poder darle la oportunidad y que en esa hora que están entrenando las técnicas también puedan desarrollar la respiración y la adrenalina que se dispara en esos momentos”, detalló.

El objetivo es que quienes participen puedan incorporar herramientas que les permitan reaccionar y defenderse en caso de encontrarse ante una situación de riesgo.

El espíritu de equipo

Barrutti también destacó que el funcionamiento de la escuela busca diferenciarse de una relación estrictamente comercial entre profesor y alumno. “Si bien es una escuela de artes marciales, tratamos de hacer un grupo, un equipo, una familia”, explicó.

Ese acompañamiento también se expresa en cuestiones materiales. La escuela presta equipamiento, busca elementos usados y trata de que los nuevos alumnos puedan comenzar a entrenar aunque no tengan todos los elementos necesarios.

“Compramos algunos usados también como para poder proporcionarle a los alumnos nuevos y que tengan la posibilidad de ir entrenando mientras ellos se van comprando las cosas”, explicó.

También organizan rifas, comidas y otras actividades para recaudar fondos. “Nosotros hacemos muchas rifas, hacemos comida los fines de semana, todo para juntar plata para tratar de cubrir gastos”, contó Barrutti.

Incluso él mismo destina parte de los ingresos de su otro trabajo para sostener actividades de la escuela. “Yo pongo plata desde mi otro trabajo siempre que esté faltando para alguna traffic, para viajar o rendir cinturones, para que todos tengan la posibilidad”, afirmó.

Para Barrutti, ese esfuerzo es parte de la filosofía que quieren transmitir. “Los chicos solamente tienen que quererlo y trabajar por ellos. No es solo quererlo, es trabajar por ellos”, remarcó.

La formación de nuevos instructores

El crecimiento de la escuela también apunta a formar nuevos referentes. Barrutti continúa avanzando en su propia carrera y busca llegar al cinturón negro para convertirse en profesor. “Ya estaría a un cinturón más de llegar a ser cinto negro y poder ser profesor”, explicó.

La intención es que otros integrantes de la academia también puedan realizar ese recorrido. “Tratamos de que se vayan formando, de tener instructores para ayudarles a ser profesores”, sostuvo.

La formación no se limita al entrenamiento físico. También trabajan como jueces y árbitros en diferentes competencias. Barrutti explicó que junto a Moreno están realizando capacitaciones para poder participar en la fiscalización de torneos.

“Estamos trabajando de fiscal, de juez, de árbitro, y la idea es seguir haciendo las capacitaciones para llegar también a poder fiscalizar una liga”, contó.

Una agenda cargada y nuevos objetivos internacionales

Después de la experiencia en Honduras, Dojo Leones ya tiene nuevos desafíos. La agenda incluye competencias en Lincoln, América y Junín, además de nuevos eventos organizados dentro de los circuitos en los que participa la escuela.

También existe la posibilidad de participar en la Copa Argentina, que puede abrir nuevas puertas internacionales. Barrutti explicó que dentro de la WKF tienen la posibilidad de participar en la Copa Argentina y buscar una clasificación para competencias internacionales.

Entre los grandes objetivos aparece volver a Honduras y ampliar la representación de la escuela. “Tenemos la posibilidad de asistir a la Copa Argentina, sea como peleadores o como escuela. Eso ya nos abre la puerta para los Panamericanos que se hacen en Colombia”, explicó.

También existen posibilidades de futuras participaciones en mundiales de otros países. La escuela, mientras tanto, continúa trabajando en Junín y preparando a sus alumnos.

El desafío de seguir creciendo sin perder la esencia

Para Moreno, el objetivo es que Dojo Leones pueda seguir creciendo sin abandonar el espíritu con el que comenzó. “Queremos crecer como escuela, ir todos juntos a todos lados, tratar de clasificar lo mejor que se pueda, dar una mano en esta sociedad y mostrar un poquito todo lo que estamos haciendo”, sostuvo.

También busca que la escuela sea una muestra de que desde Junín se puede competir en escenarios de alto nivel. “Junín tiene talento de todos lados”, afirmó.

El próximo gran objetivo es volver a clasificarse para competencias internacionales y ampliar la cantidad de integrantes que puedan tener esas oportunidades.

Pero para quienes están al frente de Dojo Leones, las medallas no son el único resultado que importa. “Que la gente se sienta apoyada, que tenga un lugar donde aprender a defenderse, donde aprender a pensar, donde conocer su cuerpo”, resumió Moreno.

Barrutti comparte esa mirada desde su propia experiencia. Las artes marciales le permitieron recuperar un propósito en un momento personal complejo y hoy busca que otros puedan encontrar algo similar.

“Esto también me hizo evolucionar, me hizo crecer. Del pibe que no quería hacer más nada, que estaba enojado con la vida hace tres años y medio, a la persona que soy hoy, estoy muy agradecido con las artes marciales”, expresó.

Y dejó una reflexión que sintetiza buena parte del espíritu de la escuela: “No solo me hace bien, sino que sé que le puedo hacer bien a mucha gente”.

Desde un pequeño espacio de Junín, con recursos limitados y a fuerza de rifas, bonos, comidas, sponsors y aportes personales, Dojo Leones consiguió llegar hasta un Mundial en Honduras y volver con dos podios internacionales.

Ahora el desafío es mucho mayor: seguir formando competidores, abrir nuevas puertas internacionales y, al mismo tiempo, sostener una escuela en la que un chico que no puede pagar una cuota también tenga la posibilidad de entrenar, aprender, formar vínculos y encontrar un espacio donde sentirse acompañado.