Hay historias de Junín que permanecen vivas mucho después de que quienes las protagonizaron ya no están. Algunas sobreviven en documentos, otras en fotografías y también están aquellas que pueden encontrarse, literalmente, bajo la sombra de un árbol.
Una de ellas tiene como protagonista a una magnolia vinculada al paso de Domingo Faustino Sarmiento por Junín y que, según la reconstrucción realizada por José Luis Mendizábal, en diálogo con la periodista Marina Bridger del medio Dale Rosca, todavía puede encontrarse en la zona de la actual estancia Mendizábal.
La fecha que permite ubicar este episodio es precisa: el 21 de septiembre de 1884. Ese día, Sarmiento se encontraba en el campo de Emilio y José Muñiz, a orillas de la laguna Mar Chiquita. La visita quedó registrada en un acta y forma parte de los testimonios sobre la presencia del expresidente y escritor en estas tierras.
Según explicó Mendizábal, Sarmiento habría llegado acompañado por varias magnolias que fue distribuyendo en distintos lugares de Junín.
“Bueno, esta magnolia la trajo Sarmiento, 1884, el 21 de septiembre de 1884, junto con otras magnolias que trajo en Junín, una en la casa de Gandini, en la farmacia Gandini”.
El interés de Sarmiento por la forestación y, particularmente, por las magnolias, es parte central de esta historia. Mendizábal señaló que el expresidente era “muy, muy simpatizante de la magnolia”, además de promover la incorporación de distintas especies vegetales.
La magnolia fue instalada originalmente en el lugar donde vivían los hermanos Muñiz, identificado en el relato como la estancia La Dulce.
Con el paso de los años, la planta quedó vinculada a una nueva construcción. Mendizábal explicó que, cuando Agustina Paz construyó el chalet en 1905, la magnolia fue trasladada hasta ese lugar.
“Cuando Agustina Paz hace este chalet en 1905, traen la planta, trasplantan la planta que había traído Sarmiento”.
La presencia de aquel árbol no pasó inadvertida. Como una forma de reconocer su origen y su relación con la visita de Sarmiento, se construyó una glorieta alrededor de la magnolia, que originalmente contaba además con un enrejado de madera de aproximadamente dos metros de altura.
“Era como una protección que tenía la planta que, bueno, por supuesto que no tenía estas dimensiones”.
Con el transcurso de las décadas, aquella pequeña planta se convirtió en un ejemplar de grandes dimensiones y la relación entre el árbol y la estructura que lo rodea comenzó a invertirse.
Para Mendizábal, la magnolia puede ser considerada un símbolo de la visita de Sarmiento a esta zona y un testimonio vivo de aquel episodio ocurrido en septiembre de 1884.
Sin embargo, el crecimiento del ejemplar también comenzó a generar dificultades para la propia estructura construida en su homenaje.
“El problema de esta magnolia ahora es que está rompiendo esta especie de reconocimiento que tiene, que es la glorieta”.
Las raíces avanzaron con el crecimiento del árbol y actualmente afectan parte de la estructura.
“Las raíces están avanzando y, bueno, complicándole la existencia, digamos, a lo que es el reconocimiento que tuvo, que es la presencia de esta glorieta”.
La situación plantea una particular paradoja: la misma magnolia que fue conservada como recuerdo de Sarmiento durante más de un siglo hoy pone en riesgo la estructura levantada para reconocerla.
Mendizábal también destacó las características de esta especie y su capacidad para permanecer durante largos períodos.
“La magnolia, no hay duda que es una planta rústica, de crecimiento no muy rápido, pero de mucha vida”.
Así, más de 140 años después de aquella visita de Sarmiento a las tierras de los hermanos Muñiz, la historia todavía puede reconstruirse a partir de una planta que sobrevivió generaciones, cambios de propietarios y transformaciones del paisaje.
Una historia que todavía puede contarse bajo la sombra de un árbol.