por Agustín Panizza
Hay emprendimientos que pueden nacer de un gran proyecto empresarial y otros que empiezan mucho más cerca, con una idea, algunas herramientas y las ganas de hacer. Pachakama pertenece a este último grupo. En 2016, Bianca, diseñadora de indumentaria, decidió comenzar a fabricar ropa desde el living de su casa. No tenía un gran capital, tampoco un local ni un plan perfectamente diseñado, pero sí una idea clara: crear prendas cómodas, coloridas, de calidad y, siempre que fuera posible, confeccionadas con textiles de origen natural.
Diez años después, aquella iniciativa se convirtió en una pyme familiar juninense, con local comercial a la calle y una propuesta que abarca indumentaria para mujer, hombre y bebés, con talles de hasta XXXL.
El comienzo fue casi artesanal. La primera producción de Pachakama fueron mallas para hombre, que salieron a la venta en enero de 2017. El lanzamiento llegó incluso un poco tarde para la temporada, cuando buena parte de los consumidores ya había comprado su malla. Pero aquella experiencia también dejó una enseñanza que todavía acompaña a la marca: nunca es tarde para empezar un sueño.

Después llegaron las remeras, los primeros rollos de tela, los pantalones y los buzos. Y también los retazos. Con aquello que quedaba de las primeras producciones, Bianca comenzó a experimentar con una pequeña cápsula de ropa femenina. Aquella prueba terminó marcando el rumbo de Pachakama durante varios años, cuando la marca se dedicó exclusivamente a la indumentaria para mujeres.
En 2022 se produjo otro cambio importante. Facu, compañero de vida de Bianca, se incorporó al proyecto. Pachakama dejó de ser solamente el emprendimiento de una persona y pasó a convertirse en un proyecto familiar.
Un año después nació Basti, el hijo de la pareja, y la organización cotidiana volvió a cambiar. Como ocurre con muchas familias que emprenden, hubo menos horas de sueño y nuevos desafíos, pero también una nueva manera de distribuir los tiempos.
Mientras las redes sociales tuvieron una actividad más silenciosa durante ese período, detrás de escena la producción y las ventas mayoristas continuaron creciendo.

En 2025 llegó otro proyecto que sintetiza buena parte de la filosofía de la marca: Mini Pacha, una línea para bebés y niños elaborada reutilizando gran parte de los retazos generados por la producción de indumentaria para adultos.
La propuesta hace que prácticamente no existan dos prendas exactamente iguales. Cada una se corta de manera individual y conserva distintas combinaciones de colores provenientes de los materiales disponibles. De esa manera, un sobrante de producción encuentra una nueva utilidad y vuelve al circuito convertido en una nueva prenda.
El aniversario encuentra a Pachakama en un contexto particularmente desafiante para las pequeñas y medianas empresas textiles argentinas. La apertura de las importaciones modificó las condiciones de competencia para los fabricantes locales y obligó a muchos emprendimientos a revisar sus niveles de producción.
Bianca reconoce que Pachakama también tuvo que adaptarse y reducir su volumen, aunque decidió hacerlo sin abandonar el modelo productivo sobre el que construyó la marca.
“Yo siempre aposté por la industria nacional, así que todas mis telas son de industria nacional. La confección, la mano de obra también, toda industria nacional”, explicó durante una entrevista con El Diario del Lunes.
La apuesta, además, tiene una fuerte impronta local. “Es más, tengo todo el foco acá en Junín, en lo que es talleres, así que le estoy dando mucho valor a esto”, remarcó.
La situación económica y la apertura de importaciones, sin embargo, plantea dificultades concretas. “Sí, achiqué la producción, porque la realidad es que no se puede competir contra los precios de afuera”, señaló Bianca.
Pero para la emprendedora, la propuesta de Pachakama no se encuentra necesariamente en el mismo terreno que una prenda importada de bajo costo. La diferencia, sostiene, está en todo aquello que ocurre detrás de cada producto: el origen de la materia prima, la confección, los talleres y la mano de obra.
“Pero tampoco los veo como una competencia a lo que yo hago, porque yo le doy valor por otro lado. O sea, como te digo, industria nacional, mano de obra nacional, desde la materia prima es nacional”, sostuvo.
Esa decisión constituye una de las principales características de Pachakama. En un mercado donde el precio tiene un peso cada vez mayor en las decisiones de compra, la marca intenta construir su identidad desde otro lugar: la duración, la calidad y la relación con quienes producen cada prenda.
“Y apuesto por eso, y apuesto a la calidad y a la gente acá. Entonces, yo voy por ese lado y la gente que me compra sabe que está comprando eso y no está comprando calidad barata”, explicó Bianca.
Para la diseñadora, esa mirada también se relaciona con la posibilidad de fabricar ropa que pueda permanecer durante años en el placard.
Durante la entrevista recordó una situación que, según contó, terminó funcionando como una comprobación de aquella filosofía. “Mirá, justo el otro día, me mostraron una remera, la primera remera de Pachakama que hice hace 10 años. Tengo la remera. Está impecable”, contó.
Ese recuerdo resume buena parte de la búsqueda que la marca sostiene desde sus comienzos: prendas que no dependan exclusivamente de una temporada o de una tendencia pasajera.

“Entonces, también yo he apostado a eso. Aprendí que las prendas duren, que no sean moda, que no pasen del tiempo”, afirmó.
La idea incluso está sintetizada en uno de los slogans de Pachakama: “No pensamos en temporadas, pensamos en años”.
Actualmente, Pachakama diseña indumentaria para mujeres, hombres y niños. Cada moldería fue desarrollada a lo largo de los años a partir de pruebas, correcciones y mejoras, buscando combinar comodidad, funcionalidad y duración.
La marca trabaja principalmente con textiles considerados nobles, como el algodón, y mantiene una estética basada en el color y en prendas versátiles que puedan utilizarse más allá de una temporada determinada.

La incorporación de Mini Pacha agregó además una dimensión vinculada al aprovechamiento de los materiales. Los retazos que genera la producción de adultos pueden transformarse en nuevas prendas para los más chicos, convirtiendo lo que anteriormente podía ser un descarte en parte de otro producto.
Así, la historia de Pachakama también puede leerse como la evolución de un pequeño taller doméstico hacia una empresa familiar que fue atravesando distintas etapas sin abandonar su identidad.
A diez años de aquel primer paso dado por Bianca en el living de su casa, Pachakama llega a un nuevo aniversario con una estructura diferente, pero con algunas de las mismas ideas que dieron origen al proyecto.
La familia creció, Facu se incorporó al emprendimiento, nació Basti, apareció Mini Pacha, llegaron los mayoristas, el local comercial y una comunidad de clientes que acompaña a la marca desde hace años.

También cambió el contexto económico y productivo. La apertura de las importaciones impuso nuevas condiciones y llevó a la empresa a reducir su producción, pero sin abandonar la decisión de trabajar con telas nacionales, talleres juninenses y mano de obra argentina.
En ese escenario, Pachakama intenta sostener una forma de producir que pone el foco en la calidad y en la duración antes que en la lógica de las temporadas.
“Algo versátil, algo cómodo”, resumió Bianca.
Y detrás de esa definición aparece una historia que ya lleva una década: la de una familia juninense que decidió convertir una idea nacida en el living de una casa en una marca de indumentaria, manteniendo como parte central de su identidad la apuesta cotidiana por producir en Argentina y, especialmente, por darle trabajo y valor a quienes forman parte de la industria local.
https://www.instagram.com/pachakama.arg/
https://compra.junin.gob.ar/catalogue/ropa-y-accesorios/indumentaria-femenina/pachakama-3