16/10/2026 - Edición Nº694

Provinciales

agro

Investigación en la Provincia: detectan agroquímicos en el agua potable y el ambiente

10:35 | La ingeniera agrónoma Virginia Aparicio presentó en Balcarce los resultados del proyecto internacional SPRINT, que estudió la exposición a productos fitosanitarios en personas, animales y distintos componentes ambientales. Advirtió sobre la presencia simultánea de múltiples sustancias y reclamó reducir su utilización, fortalecer los controles y actualizar las normas vigentes.



La exposición a mezclas de plaguicidas, la presencia de residuos en cursos de agua y las diferencias entre las prácticas productivas fueron algunos de los principales resultados de una investigación científica presentada por la ingeniera agrónoma Virginia Aparicio en el Concejo Deliberante de Balcarce.

Durante una charla abierta a la comunidad, la investigadora compartió datos del proyecto internacional SPRINT (Sustainable Plant Protection Transition), una iniciativa financiada por la Unión Europea que se desarrolló entre septiembre de 2020 y febrero de 2026 con el objetivo de estudiar la exposición a productos fitosanitarios y generar información para reducir su utilización.

Aparicio aclaró que participó de la presentación a título personal, como investigadora científica y defensora del ambiente, y no en representación del INTA ni del CONICET, instituciones en las que trabaja. También explicó que buscaba poner los resultados a disposición de la comunidad y responder las inquietudes surgidas en torno al proyecto.

“Con la finalidad de honrar la ética y la moral que tenemos para desarrollar ciencia, es que estoy con ustedes para que me pregunten después lo que necesiten saber, pero que la información que hemos generado sea clara y concreta para cada uno de ustedes”, expresó al comienzo de su exposición.

Un estudio que abarcó diez partidos bonaerenses

En Argentina, la investigación se llevó adelante en diez distritos del sudeste de la provincia de Buenos Aires: Balcarce, General Alvarado, General Pueyrredón, Tandil, Benito Juárez, Necochea, Lobería, San Cayetano, Tres Arroyos y Coronel Dorrego.

El relevamiento incluyó a pobladores rurales vinculados tanto con prácticas agroecológicas como convencionales, habitantes de pequeñas localidades y residentes de centros urbanos. También se convocó a representantes de entidades rurales, organizaciones de aplicadores, agrupaciones ambientales y sectores de la salud y la educación.

El equipo aplicó protocolos de muestreo y análisis armonizados con los utilizados por los grupos europeos, lo que permitió comparar los resultados bajo criterios equivalentes.

El trabajo contempló más de 200 plaguicidas y analizó muestras de suelo, agua superficial y sedimentos, además de distintos organismos, como peces, insectos, lombrices y murciélagos.

En las personas participantes se estudiaron muestras de sangre, orina y materia fecal. También se utilizaron pulseras de silicona durante siete días para registrar la exposición a diferentes sustancias presentes en el entorno.

Detectaron múltiples sustancias en las muestras

Uno de los aspectos centrales de la presentación fue que la exposición no se limita a un único producto, sino que comprende combinaciones de sustancias que pueden estar presentes simultáneamente en el ambiente.

Aparicio señaló que los posibles efectos de los plaguicidas suelen evaluarse de manera individual, mientras que las personas y los organismos pueden entrar en contacto con distintas sustancias al mismo tiempo.

Como ejemplo, detalló que el polvo recolectado en viviendas rurales presentó una mediana de 75 sustancias diferentes, con registros que oscilaron entre 25 y 121.

En las muestras de agua superficial tomadas en arroyos y lagunas, el valor típico fue de 20 residuos por muestra. Según los resultados expuestos, ninguna de las muestras de ese conjunto estuvo libre de residuos y también se identificaron sustancias cuyo uso no está permitido.

La investigadora advirtió que la combinación de compuestos puede generar efectos diferentes de los que produce cada sustancia por separado. En ensayos de laboratorio con lombrices, por ejemplo, la mezcla utilizada en el experimento argentino provocó efectos mayores que los observados con cada producto individualmente.

En las plantas se registró una reducción del crecimiento de las raíces, mientras que en los colémbolos estudiados no se observaron efectos en las condiciones del ensayo. Aparicio remarcó que los resultados varían según el organismo y la combinación analizada, por lo que es necesario continuar investigando.

Agua de consumo: diferencias con los parámetros europeos

Otro de los puntos destacados estuvo relacionado con la presencia de plaguicidas en el agua destinada al consumo humano.

La investigadora presentó resultados de un relevamiento de 154 muestras de agua de la región pampeana, recolectadas entre 2019 y 2022. En ellas se detectaron recurrentemente sustancias como atrazina, metolacloro, imazetapir, 2,4-D e imidacloprid.

Al comparar los resultados con el umbral de referencia de la Comisión Europea, nueve de cada 100 muestras de agua de red y 18 de cada 100 muestras de pozos rurales superaban ese valor.

Aparicio aclaró que esta comparación no significa necesariamente que los análisis realizados por los proveedores de agua sean incorrectos. El problema, explicó, es que las normas argentinas vigentes no contemplan adecuadamente parte de los plaguicidas utilizados en la actualidad.

De esta manera, una muestra puede cumplir con los parámetros exigidos por la normativa nacional sin que se hayan medido todas las sustancias que contempla la investigación.

En cuanto a los cursos de agua superficiales, sostuvo que las concentraciones registradas en las muestras argentinas fueron superiores a las de los sitios europeos estudiados. Además, advirtió que las mezclas de residuos pueden representar riesgos para organismos acuáticos, como peces y algas.

Frente a este escenario, propuso establecer un monitoreo sostenido de arroyos y lagunas, crear bases de datos actualizadas y estudiar el origen de los residuos detectados.

Menos plaguicidas y mejores prácticas productivas

La presentación también incluyó resultados vinculados con las prácticas agropecuarias. De acuerdo con los datos expuestos, las muestras de polvo de viviendas de productores que utilizaban plaguicidas de manera convencional presentaron mayor cantidad y concentración de estas sustancias que las correspondientes a productores vinculados con prácticas agroecológicas.

Aparicio mencionó, además, una experiencia realizada en España en la que voluntarios consumieron exclusivamente alimentos orgánicos durante seis días. Según explicó, determinados indicadores vinculados con insecticidas detectados en la orina disminuyeron entre un 57% y un 87%.

Para la investigadora, estos resultados muestran que existen posibilidades concretas de reducir la exposición y avanzar hacia otras prácticas productivas.

También cuestionó la idea de que disminuir el uso de plaguicidas necesariamente impida producir. En ese sentido, señaló que durante el relevamiento se detectaron desvíos en las dosis utilizadas respecto de las indicaciones de las etiquetas, que en algunos casos llegaron a ser de hasta 20 veces.

La situación, consideró, plantea la necesidad de mejorar el asesoramiento técnico, la información disponible y el uso responsable de los productos.

“Lo que se aplica acá, no sabemos dónde termina”, advirtió, al insistir en la importancia de reducir la carga de plaguicidas y evitar que estas sustancias lleguen a otros ambientes.

Reclamos por controles y actualización de las normas

La exposición generó un intercambio con vecinos que plantearon inquietudes sobre la falta de controles, el impacto de los productos fitosanitarios en los alimentos, las consecuencias sobre las abejas y la actividad apícola, y las aplicaciones en banquinas.

También se reclamó ampliar los estudios a las quintas y otros sistemas productivos, revisar los análisis del agua e incorporar sustancias que actualmente no forman parte de los controles habituales.

Durante el encuentro se aclaró que detectar un compuesto no significa automáticamente que el agua no sea apta para el consumo, aunque sí puede justificar nuevas evaluaciones cuando las normas vigentes no contemplan esa sustancia.

El concejal Gabriel Petruccelli sostuvo que el cuerpo legislativo no cuenta con facultades ejecutivas para realizar por sí mismo todos los controles, pero puede impulsar proyectos, solicitar información y promover medidas ante las autoridades competentes.

Asimismo, una exconcejal repasó iniciativas presentadas en años anteriores sobre control de cultivos, calidad del agua y denuncias por aplicaciones indebidas de productos fitosanitarios, algunas de las cuales no avanzaron más allá de las comisiones legislativas.

El intercambio dejó planteada la necesidad de que los reclamos se traduzcan en mecanismos concretos de seguimiento, controles efectivos y acceso público a la información ambiental.

“Más ciencia, más investigación y más prevención”

Al cerrar su presentación, Aparicio volvió sobre los principales resultados del proyecto SPRINT: la exposición a mezclas de plaguicidas, la mayor presencia de glifosato en las muestras argentinas respecto de las europeas y los efectos observados en determinados organismos durante los ensayos experimentales.

Sin embargo, también estableció un límite importante sobre el alcance de la investigación: el estudio no determinó enfermedades en las personas participantes ni permitió identificar el origen exacto de cada residuo encontrado.

Entre las posibles medidas para Balcarce, propuso mejorar el monitoreo de los cursos de agua superficiales, construir una base de datos actualizada, revisar las normas para incorporar sustancias de uso actual y acompañar a productores y comunidades mediante información y educación.

“Esto solamente se corrige con más ciencia, con más investigación y con más prevención”, afirmó.

La investigadora consideró que generar temor o silenciar las discusiones no contribuye a resolver el problema. Por el contrario, sostuvo que es necesario comprender los datos disponibles, ampliar los estudios y avanzar con medidas preventivas a medida que se obtiene nueva evidencia.

La presentación permitió acercar a los vecinos los resultados de una investigación internacional y reabrió el debate sobre el uso de plaguicidas, la calidad del agua y los controles ambientales. El desafío será transformar la evidencia científica en políticas públicas que permitan reducir la exposición y mejorar el seguimiento de las sustancias presentes en el ambiente, sin confundir los resultados sobre exposición con conclusiones que el estudio todavía no permite establecer.

Fuente: El Diario de Balcarce.