17/10/2026 - Edición Nº695

Junín

Sociedad

Víctor Giri, el trabajador rural de Junín que se volvió viral con sus videos de humor en las redes sociales

10:48 | Comenzó a grabar videos casi por casualidad, cuando trabajaba en el campo y un compañero descubrió su facilidad para el humor. Con escenas espontáneas, ocurrencias vinculadas a la vida rural y personajes que se ganaron al público, sus publicaciones llegaron a viralizarse en TikTok e Instagram. Hoy trabaja en una metalúrgica, estudia y disfruta de su familia.



Hay personas que tienen una facilidad especial para hacer reír. No necesitan grandes producciones, guiones elaborados ni cámaras profesionales: alcanza con una ocurrencia, alguien que les siga el juego y la capacidad de encontrar humor en las situaciones cotidianas. Víctor Giri, un trabajador de Junín que se hizo conocido en las redes sociales por sus videos de comedia, encontró allí una manera de compartir esa chispa con miles de personas.

Su historia comenzó casi sin proponérselo. Por entonces, trabajaba en el campo y ni siquiera conocía demasiado TikTok. Fue un compañero de trabajo quien advirtió su potencial y lo animó a participar de algunos videos. Las primeras publicaciones consiguieron reproducciones y, poco a poco, la experiencia que había empezado como una diversión se convirtió en un fenómeno que lo llevó a ganar popularidad en las redes.

“Nunca le busqué una veta económica. Para mí siempre fue un hobby”, cuenta Víctor, al recordar aquellos primeros pasos y explicar por qué, a pesar de la repercusión que alcanzaron sus contenidos, nunca convirtió la creación de videos en el centro de su vida.

Del trabajo rural a la viralización en TikTok

La historia de Víctor como creador de contenido comenzó hacia el final de la pandemia, cuando un compañero lo impulsó a probar suerte frente a una cámara. Su espontaneidad hizo el resto.

Uno de los videos que recuerda especialmente lo mostraba nadando en un bebedero de vaca, como si fuera un nadador profesional. Aquella ocurrencia se convirtió en una de las primeras publicaciones que alcanzaron una gran repercusión y ayudaron a instalar su particular estilo de humor.

“Ese fue el primer video en el que la gente dijo: ‘Mirá, este loco hace videos de humor’”, recuerda.

A partir de entonces, las ideas empezaron a aparecer de manera natural. A veces surgían de una situación cotidiana; otras, necesitaba que alguien lo ayudara, le diera pie para una escena o simplemente se sumara a la actuación.

La espontaneidad fue una de las claves de sus videos. Sin demasiadas vueltas, Víctor encontraba en el entorno laboral, las tareas rurales y las personas que lo rodeaban los elementos necesarios para construir situaciones humorísticas.

El campo, además, ofrecía un escenario ideal. Allí había herramientas, animales, actividades y un sinfín de situaciones que podían transformarse en contenido para las redes sociales.

“Hay mucha gente de la ciudad a la que le gustan las cosas del campo, y a la misma gente de campo también le gusta ver lo que hay”, explica.

Esa combinación permitió que sus publicaciones conectaran con públicos diferentes: quienes conocen de cerca el trabajo rural y quienes encuentran en ese universo una realidad distinta, curiosa y atractiva.

Un peón rural que hacía de todo

Detrás de los videos había una rutina de trabajo muy alejada de los tiempos y las exigencias de las redes sociales.

Víctor se desempeñaba como peón general, una función que lo obligaba a realizar tareas muy diversas. El engorde de capones era una de las principales actividades, pero también debía ocuparse de alimentar a los animales, preparar las raciones, llenar los comederos, atender a los lechones y realizar tareas de mantenimiento.

El trabajo incluía desde curaciones y arreglos de alambrados hasta poda y labores relacionadas con la cosecha. Según la necesidad, también podía manejar tractores o cosechadoras y colaborar con otras actividades productivas.

En ese contexto, el humor aparecía como una posibilidad de aprovechar lo que tenía a mano. No necesitaba trasladarse a un estudio ni preparar una escenografía: muchas veces, el propio campo aportaba todo lo necesario.

Sin embargo, con el paso del tiempo, su vida laboral cambió.

Actualmente, Víctor trabaja en una metalúrgica ubicada en el Parque Industrial de Junín, dedicada a la fabricación de galpones, tinglados y naves industriales. Allí también cumple una función versátil, en la que combina tareas como pintar, soldar, utilizar herramientas y participar del armado de las estructuras.

Su llegada a ese empleo estuvo relacionada con un cambio de etapa. Durante años había trabajado en un establecimiento rural de Irala, localidad ubicada a poco más de 40 kilómetros de Junín. Después de vivir durante más de una década en la ciudad y realizar diariamente ese recorrido, surgió la posibilidad de incorporarse a la metalúrgica.

Conocía a sus responsables, que también tenían vínculos con Irala, y encontró una oportunidad para trabajar más cerca de su casa, mejorar sus ingresos y continuar con su vida en Junín.

Está cómodo con el cambio y valora el ambiente laboral. Pero hay algo que reconoce que perdió en el camino: la facilidad para encontrar situaciones que pudieran convertirse en videos.

Cuando el trabajo cambia, también cambia el humor

Víctor no abandonó las redes sociales, pero admite que ya no publica con la misma frecuencia.

En el campo, las ideas aparecían casi solas. El entorno le ofrecía escenarios, personajes y situaciones que podía convertir en una escena humorística. En la metalúrgica, aunque tiene libertad para grabar, la dinámica es diferente.

“Si bien no tienen problema en que haga videos, no es lo mismo que cuando se me ocurría algo del campo y estaba ahí el material para ese video”, explica.

La creatividad sigue presente, pero ya no surge con la misma facilidad. A eso se suman otras prioridades: estudiar una carrera, atender las responsabilidades familiares y cumplir con su trabajo.

Por eso, prefiere esperar a que aparezca una buena idea antes que publicar por obligación.

“Podría estar subiendo más videos, pero siento que, si no soy creativo, no lo puedo hacer”, sostiene.

Esa postura también se refleja en su manera de entender las redes sociales. Víctor no invierte dinero para promocionar sus publicaciones ni paga por obtener mayor visibilidad. Tampoco tiene como objetivo verificar sus cuentas o perseguir números cada vez más altos.

“Mi lema es: el que me quiere ver, que me vea, gratis y nada a cambio”, afirma.

Y agrega que un simple “me gusta” ya representa una satisfacción suficiente.

La recompensa de hacer reír a alguien

Aunque nunca buscó convertir su popularidad en un negocio, la repercusión de sus videos le abrió algunas puertas comerciales. Recibió propuestas para realizar publicidades y, en determinadas ocasiones, obtuvo ingresos por ese trabajo.

Pero también allí estableció sus propias reglas.

Víctor prefiere que los contenidos publicitarios conserven su impronta humorística. No le interesa limitarse a describir un producto: busca que la publicidad entretenga y, al mismo tiempo, transmita confianza.

Si una propuesta no encaja con su estilo o se trata de algo con lo que no se siente cómodo, prefiere rechazarla.

Entre sus límites menciona especialmente los casinos online. Cuenta que atravesó una etapa de ludopatía y que esa experiencia hizo que no quisiera promocionar ese tipo de plataformas.

Su criterio es claro: si va a recomendar algo, tiene que conocerlo, confiar en el producto y encontrar una manera de comunicarlo que resulte coherente con su identidad.

Aunque no se imagina necesariamente protagonizando una obra de teatro ni dedicándose de lleno al espectáculo, reconoce que le gustaría explorar otras posibilidades, como participar de un streaming de vez en cuando.

De todos modos, no siente la necesidad de transformar su pasatiempo en una carrera profesional. La popularidad no define su estado de ánimo y la falta de nuevas publicaciones no representa para él una frustración.

“Tenía un día de mierda y vi un video tuyo”

Entre las satisfacciones que le dejó su recorrido por las redes sociales, hay una que Víctor destaca por encima de cualquier cifra de reproducciones o reconocimiento.

Es el encuentro con personas que lo saludan en la calle y le cuentan que sus videos les hicieron bien.

“Me ha dado mucha satisfacción que la gente te salude y te diga: ‘Che, tenía un día de mierda y vi un video tuyo, me cagué de risa y ya me cambió el humor’”, relata.

Para él, ese reconocimiento tiene un valor difícil de medir.

En un mundo digital donde muchas veces el éxito se mide en seguidores, visualizaciones, acuerdos comerciales y alcance, Víctor encuentra su propia recompensa en algo mucho más sencillo: haber conseguido que otra persona se ría durante unos segundos, incluso en un día complicado.

Por eso, aunque hoy sus publicaciones sean menos frecuentes y su vida transcurra lejos de aquel escenario rural que inspiró tantos videos, no reniega de lo que construyó.

Su historia no es la de alguien que persigue la fama a cualquier precio, sino la de un trabajador que descubrió casi por casualidad que tenía una capacidad especial para entretener y decidió compartirla.

Víctor Giri sigue siendo el mismo: un trabajador que hace su vida, cumple con sus responsabilidades y, cuando aparece una buena idea, vuelve a ponerse frente a la cámara. Porque, para él, hacer humor nunca fue una obligación ni una carrera contra el algoritmo. Fue, y sigue siendo, una manera de divertirse y de regalarles una sonrisa a los demás.

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