Lo que durante años fue considerado una amenaza para los montes nativos hoy comienza a abrirse paso como una alternativa alimentaria innovadora.
Un proyecto impulsado por la Facultad de Ciencias de la Alimentación de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) investiga desde hace más de cinco años el aprovechamiento culinario de la acacia negra (Gleditsia triacanthos), una especie invasora ampliamente extendida en en Junín y la Región, y que en esta época se puede cosechar el fruto maduro.
La iniciativa forma parte de una línea de trabajo orientada al uso de alimentos no convencionales y silvestres, y derivó en la publicación del libro “Silvestres comestibles de la A a la Z”, presentado por la educadora ambiental Mariana Acosta.
Entre las propuestas del recetario se destaca la utilización de harina de acacia negra, empleada en panes, alfajores y masas sin TACC, al combinarse con almidón.
La acacia negra, también conocida como “espina de Cristo”, fue introducida desde Estados Unidos en el siglo XIX y con el paso del tiempo se convirtió en una especie exótica invasora, desplazando flora nativa y alterando ecosistemas.
Su erradicación resulta compleja, por lo que el proyecto propone una mirada diferente: aprovechar sus chauchas para transformarlas en alimento y, al mismo tiempo, reducir su propagación.
Según relató Mariana Acosta, el interés surgió tras descubrir en un libro que las vainas de la planta poseían componentes comestibles.
A partir de esa información comenzaron pruebas caseras con molienda, filtrados y elaboraciones como dulces, licores y harinas, experiencia que incluso recibió reconocimientos en clubes de ciencias regionales.

Hace más de cinco años, la propuesta fue seleccionada por la UNER y se integró a un trabajo conjunto con las profesionales Cristina Cayetano Arteaga y Celeste Stirnemann.
El estudio se enfocó en analizar las propiedades fisicoquímicas, nutricionales y tecnológicas de las chauchas para determinar su potencial alimenticio.
Desde la Facultad de Ciencias de la Alimentación explicaron que el objetivo es obtener harina a partir de la vaina de la planta y caracterizarla científica y sensorialmente, con el fin de aportar respaldo técnico a un producto que pueda elaborarse y consumirse en la región.
Además, remarcaron que existen escasos antecedentes sobre el uso de acacia negra en alimentos, siendo la referencia más cercana la harina de algarrobo.
La harina obtenida presenta aroma dulce y características similares a otras harinas naturales utilizadas en repostería.
Entre las recetas difundidas por Acosta figuran panes artesanales, alfajores rellenos con sabores del monte y preparaciones libres de gluten cuando se combinan con almidones.
El libro “Silvestres comestibles de la A a la Z”, lanzado en Concordia, reúne conocimientos sobre plantas y productos regionales comestibles con eje en la soberanía alimentaria y la reconexión con recursos naturales locales.
Los impulsores del proyecto sostienen que resignificar especies problemáticas puede convertirse en una herramienta ambiental, productiva y educativa.
En este caso, transformar una plaga forestal en ingrediente gastronómico representa una estrategia que combina ciencia, sustentabilidad y economía regional.