En Junín, una tendencia que se viene consolidando desde hace varios años se profundiza en el presente: cada vez más familias optan por conservar sus vehículos durante períodos más largos. La combinación de fuertes aumentos en dólares de los autos, la caída del poder adquisitivo y la falta de financiamiento accesible configura un escenario que desalienta la renovación y empuja a los usuarios hacia el mantenimiento.
Atrás parecen haber quedado los tiempos en los que cambiar el auto cada tres o cinco años era una práctica habitual para sectores medios. Hoy, ese mismo vehículo puede permanecer en una familia durante una década o más. La decisión no responde únicamente a una cuestión cultural, sino a una ecuación económica cada vez más difícil de sostener.
El valor de los vehículos, medido en dólares, se convirtió en uno de los principales obstáculos. Incluso unidades con varios años de antigüedad mantienen precios elevados. En el mercado local, por ejemplo, un auto de gama media-alta con unos diez años de uso, como un Volkswagen Golf, puede rondar los 20 mil dólares. Una cifra que, en términos comparativos, permite acceder a un terreno de aproximadamente 600 metros cuadrados en Junín, lo que grafica con claridad el peso que tiene hoy un vehículo en la economía familiar.
A este panorama se suma la dificultad para acceder a créditos. Si bien la inflación oficial muestra una tendencia a la baja, las tasas de financiamiento continúan siendo elevadas, lo que limita aún más las posibilidades de compra, especialmente en operaciones de mayor volumen como la adquisición de un 0 km.
Como contracara, el movimiento en talleres mecánicos y servicios de mantenimiento crece de manera sostenida. La necesidad de prolongar la vida útil de los autos genera una mayor demanda de reparaciones, controles y puesta a punto, en un contexto donde “cuidar lo que se tiene” se vuelve una estrategia central.
Desde el sector asegurador también perciben este fenómeno. Daniel González, productor de seguros y cofundador de la Asociación de Productores y Asesores de Seguros del Noroeste, explicó que la falta de renovación en el parque automotor es evidente:
“Lo que sí se nota, y esto lo venimos evidenciando hace bastante, es que no hay coberturas nuevas fundamentalmente en la rama auto, y no solamente de vehículos cero kilómetros. Tampoco se nota que haya cambios de unidades, antes era más frecuente y los vehículos no pasaban a tener tantos años, la gente trataba de cambiarlos mucho antes. Eso es lo que venimos notando”.
En ese sentido, González remarcó que el volumen de pólizas permite identificar con claridad la dinámica del mercado: “¿Te imaginás que en un volumen importante de póliza de auto te das cuenta si hay movimientos por cambio de unidad o compra a cero kilómetros?”.
A pesar del contexto, destacó un aspecto que se mantiene relativamente estable: “Afortunadamente, por lo menos hasta ahora, la gente sigue tratando de cumplir con los pagos de seguro, porque detrás de eso está la posibilidad de que un evento siniestral repercuta económicamente”.
De este modo, Junín refleja una realidad que atraviesa a buena parte del país: el automóvil deja de ser un bien de recambio frecuente para convertirse en un patrimonio a preservar. Una transformación silenciosa, pero profunda, que impacta no solo en el mercado automotor, sino también en actividades vinculadas como los seguros, los repuestos y los servicios mecánicos.