02/05/2026 - Edición Nº527

Junín

CONSTRUCCIÓN

Por la escasez de trabajadores, la mano de obra puede triplicar el valor de los materiales según el oficio

11:00 | En un escenario de alta demanda y oferta limitada, los honorarios de electricistas, gasistas, plomeros, albañiles y pintores no solo aumentan, sino que en muchos casos superan ampliamente el valor de los materiales.



La escasez de mano de obra calificada en oficios dejó de ser un problema secundario para convertirse en un factor determinante en el costo de refacciones y servicios del hogar.

En un escenario de alta demanda y oferta limitada, los honorarios de electricistas, gasistas, plomeros, albañiles y pintores no solo aumentan, sino que en muchos casos superan ampliamente el valor de los materiales, llegando incluso a triplicarlo.

Un mercado con alta demanda y poca oferta

El fenómeno se explica por una combinación de factores que se retroalimentan. Por un lado, cada vez hay menos trabajadores con formación técnica y matrícula habilitante.

Por otro, la demanda se mantiene firme: los hogares postergan compras importantes y optan por reparar lo que ya tienen, lo que incrementa la necesidad de estos servicios.

A diferencia de otras profesiones, no existe una tarifa unificada a nivel nacional. Los precios dependen del tipo de trabajo, la complejidad, la urgencia, la ubicación y las certificaciones necesarias. El resultado es un mercado con fuerte dispersión de valores.

El economista Daniel Garro resume el problema de fondo: faltan perfiles adecuados. Esto genera que quienes cuentan con capacitación y experiencia puedan fijar precios más altos, mientras que otros quedan fuera de ese segmento.

Cuando la mano de obra vale más que los materiales

Uno de los ejemplos más claros se da en las obras integrales. Hacer un baño completo —incluyendo desagües, contrapiso, carpeta, colocación de cerámicas e instalación del juego sanitario— puede costar alrededor de $1.500.000 solo en mano de obra.

Dependiendo de los materiales elegidos, ese monto puede duplicar o incluso triplicar el valor de los insumos. Es decir, el conocimiento técnico y la ejecución terminan siendo el componente más caro de la obra.

Tarifas sin referencia y precios en alza

La falta de aranceles oficiales profundiza la disparidad. En electricidad, por ejemplo, instalar una boca puede costar entre $22.000 y $35.000, mientras que trabajos más complejos superan fácilmente los seis dígitos. Incluso las visitas técnicas, sin ejecución posterior, se cobran.

En gas, la necesidad de matrícula limita aún más la oferta. Instalar un artefacto puede costar hasta $160.000, mientras que una habilitación completa puede superar los $300.000. Las pruebas de hermeticidad, clave para la seguridad, también tienen valores elevados.

La plomería muestra una dinámica similar. Reparaciones simples arrancan en los $20.000, pero cuando hay que romper paredes o pisos, los costos se disparan. Las urgencias, además, suelen encarecer aún más los trabajos.

Pintura: el ejemplo de la dispersión

El rubro de la pintura refleja con claridad la variabilidad del mercado. Pintar una casa de tres habitaciones puede costar entre $550.000 y $900.000 solo en mano de obra, según la zona y el estado de las superficies.

En paralelo, los materiales pueden ubicarse entre $400.000 y $970.000 según la marca. Sin embargo, cuando el trabajo requiere mayor preparación —como reparar grietas, tratar humedad o aplicar productos especiales—, el costo laboral crece y puede convertirse en el principal componente del presupuesto.

Informalidad: precios más bajos, mayores riesgos

En este escenario, la informalidad juega un rol clave. Se estima que entre el 30% y el 35% de los hogares no exige matrícula ni certificación al contratar servicios.

Esto permite acceder a precios más bajos, pero implica riesgos en términos de calidad, seguridad y garantías. Muchas decisiones se toman por recomendación o cercanía, lo que contribuye a sostener la dispersión de valores.

Un cambio de lógica en los costos

El economista José Vargas advierte que la escasez de mano de obra calificada impacta directamente en la formación de precios. La combinación de alta demanda, baja oferta y falta de regulación genera un mercado donde los valores pueden variar ampliamente por un mismo trabajo.

En ese contexto, se consolida un cambio de lógica: los materiales dejan de ser el principal costo de una obra. Cada vez más, lo que se paga es el conocimiento, la experiencia y la disponibilidad.

Y en un mercado donde esos factores escasean, la mano de obra se vuelve el recurso más caro.