16/05/2026 - Edición Nº541

Opinión

economía

Cuando una Coca Cola vale más que un buen vino: la disparidad de precios que sorprende en las góndolas

11:58 |



En los últimos meses, la escalada de precios dejó escenas cada vez más llamativas en supermercados y comercios de barrio. Pero hay una comparación que resume como pocas el desconcierto de muchos consumidores. Hoy una botella de gaseosa de primera marca de 2 litros puede costar más que un buen vino joven argentino.

Etiquetas reconocidas como Coca Cola superan en algunos casos los 4 mil pesos por botella de 2,25 o 2 litros, ubicándose por encima o igualando vinos jóvenes de gran relación precio-calidad como Cordero con Piel de Lobo, La Poderosa o Partridge, que rondan ese mismo valor en vinotecas y cadenas comerciales.

La situación marca un cambio fuerte respecto de lo que históricamente ocurría en Argentina, donde una gaseosa tradicional siempre costaba considerablemente menos que un vino tinto. Durante décadas, el precio de una botella de vino representaba un producto de mayor elaboración, asociado además a una cultura productiva y gastronómica mucho más compleja.

Porque detrás de un vino joven hay un proceso largo y artesanal que comienza en los viñedos con el cultivo de la uva, continúa con la cosecha, la selección del fruto, la elaboración del mosto y la fermentación, y en muchos casos suma además un paso de varios meses por toneles o barricas de roble antes del envasado final.

Incluso los vinos jóvenes más accesibles suelen atravesar hasta seis meses de guarda para lograr equilibrio y estructura. A eso se agregan costos de producción agrícola, mano de obra especializada, logística, vidrio, corchos y etiquetado.

La comparación no apunta necesariamente a cuestionar el valor de una bebida sobre otra, sino a dimensionar la distorsión de precios que hoy atraviesa el consumo cotidiano.

Para muchos consumidores resulta impactante que un producto industrial masivo como una gaseosa tenga un precio similar —o incluso superior— al de un vino elaborado a partir de un proceso agrícola e industrial mucho más complejo.

En paralelo, bodegas argentinas vienen realizando enormes esfuerzos para sostener precios competitivos en un contexto de caída del consumo interno y aumento constante de costos. Gracias a eso, todavía es posible encontrar vinos jóvenes de buena calidad a valores relativamente accesibles.

La postal actual de una gaseosa costando más que un vino resume, quizás, una de las imágenes más claras de la economía cotidiana: productos que históricamente pertenecían a categorías de valor muy distintas hoy terminan compartiendo el mismo precio en la góndola.