Un reciente relevamiento del portal de empleo Bumeran ubicó las pretensiones salariales de junio de 2026 entre poco más de un millón de pesos para los sectores de menores ingresos y más de 2,8 millones para cargos gerenciales.
Sin embargo, para una amplia franja de trabajadores que perciben entre $1 millón y $1,3 millones mensuales, la realidad muestra que gran parte de ese dinero se destina exclusivamente a cubrir gastos fijos.
Tomando como referencia una ciudad del interior bonaerense como Junín, el presupuesto mensual de una persona que alquila una vivienda y posee un vehículo de uso cotidiano puede distribuirse de la siguiente manera:
En total, estos gastos representan alrededor de $1.080.000 mensuales.
Si se compara esa cifra con los salarios pretendidos de distintos sectores relevados por Bumeran, el panorama resulta ajustado.
Un trabajador del área Comercial, Ventas y Negocios, cuyo salario promedio pretendido ronda los $1.321.000, destinaría aproximadamente el 82% de sus ingresos a gastos fijos.
En sectores como Gastronomía y Turismo, con una pretensión salarial promedio de $1.167.536, el porcentaje asciende al 92,5%, dejando menos de $90.000 mensuales para alimentación, salud, vestimenta, educación, recreación, ahorro o cualquier imprevisto.
La situación se vuelve aún más compleja en actividades como Atención al Cliente, Call Center y Telemarketing, donde el salario pretendido promedio es de $1.033.879. En ese caso, los gastos básicos estimados superan directamente el ingreso mensual, alcanzando el 104% del sueldo.
Los números permiten dimensionar el desafío cotidiano que enfrentan miles de trabajadores del interior del país. Aun cuando los salarios muestran una recuperación respecto de años anteriores y la inflación exhibe una desaceleración, la estructura de gastos fijos continúa absorbiendo una porción muy significativa de los ingresos.
En términos prácticos, una persona que percibe entre $1 millón y $1,3 millones mensuales destina entre ocho y diez pesos de cada diez que gana a sostener vivienda, servicios, transporte e impuestos. El margen restante debe alcanzar para cubrir alimentación, salud, educación, vestimenta, mantenimiento del hogar, actividades recreativas y eventual capacidad de ahorro.
La comparación también refleja una brecha creciente entre los sectores mejor remunerados —como minería, petróleo, gas o cargos gerenciales— y aquellas actividades vinculadas a servicios, comercio, gastronomía o atención al público, donde los ingresos continúan más cerca del umbral de los gastos esenciales que de una capacidad real de ahorro.
En ciudades intermedias como Junín, donde el costo de vida suele considerarse menor al de los grandes centros urbanos, los números muestran que incluso salarios cercanos al promedio del mercado laboral enfrentan dificultades para generar excedentes una vez cubiertas las obligaciones mensuales básicas.
La morosidad del sistema financiero argentino volvió a subir en abril y se aceleró respecto a marzo, luego de haber mostrado señales de que el ciclo de deterioro crediticio podía llegar a su fin el mes pasado.
Según un procesamiento de la consultora 1816 sobre datos de la Central de Deudores del Banco Central (Cendeu), la irregularidad en el crédito a familias subió del 11,5% en marzo a 12% en abril. Esto representa un aumento en la mora, dado que en el tercer mes del año creció 0,3 puntos porcentuales y al mes siguiente subió 0,5. De esa forma, aumentó durante 18 meses seguidos y batió récords en más de dos décadas.
La morosidad en los hogares argentinos era de 2,5% en octubre de 2024, lo que muestra que se multiplicó por casi cinco en un lapso de un año y medio.
“Si bien todavía es posible que veamos un pico de la mora en algún momento del segundo trimestre de 2026, ahora hay motivos para tener algo de dudas sobre el tema”, señala el informe.
Este incremento en la irregularidad en el crédito de las familias se da en un período en que “el PBI continuó creciendo”, marca el texto, lo que sugiere que el crecimiento económico general no fue suficiente para aliviar la carga financiera de los hogares.
Por su parte, las empresas registraron una suba de 0,2 puntos en la mora: la cifra pasó de 3,1% en marzo a 3,3% en abril. En tanto, la morosidad total del sector privado creció de 7% a 7,3%.
Este aumento se reportó en la mayoría de los bancos. De las 30 entidades más grandes en términos de préstamos a familias, la consultora 1816 calculó que subió en 26 de ellas durante abril contra marzo.
Lo mismo ocurrió en las billeteras virtuales, donde la morosidad alcanzó el 31,5%, 2,6 veces mayor que en los bancos. Las financiaciones totales de entidades no financieras representan alrededor del 17% de los préstamos a familias, donde Tarjeta Naranja y Mercado Libre contienen más del 50% del crédito de todo el sector.
Estos son datos preliminares que se espera se confirmen en un mes a partir del Informe de Bancos de abril que el Banco Central (BCRA) publicará a fines de junio.
Los últimos datos que publicó la entidad financiera señalaron que la tasa de irregularidad en el pago de créditos bancarios de marzo fue 3,5 veces más alta que el mismo mes en 2025 y alcanzó su mayor nivel en 21 años. Para las autoridades del BCRA y algunos banqueros estos números habían marcado su “pico” antes de un cambio de tendencia que iba a comenzar a verificarse en los próximos meses. Sin embargo, los datos que brindó la consultora no van en esa dirección.
El informe detalla que uno de los problemas que tiene el fenómeno de elevada morosidad es que muchos individuos dejarán de “ser sujetos de crédito” por un tiempo, lo que limitará la expansión de los préstamos a familias en el futuro inmediato. Se estima que el 26,7% de la gente que tiene algún crédito en el sistema financiero está en situación irregular, lo que alcanza a unas 5,3 millones de personas.
“Eso significa que, al menos de acá a las elecciones del año que viene (si hay PASO serán en apenas 14 meses), difícilmente el crédito a familias puede ser un motor muy relevante de la actividad económica”, puntualizó la consultora. De todos modos, dada la baja penetración del crédito en la Argentina (alrededor del 12% del PBI), eso “no impediría que la economía pueda expandirse”.
“Parte de la dificultad que tienen los préstamos para recuperarse es que siguen siendo muy altas en términos reales las tasas activas, en parte justamente por la elevada morosidad”, añadió el documento. Se observa en que, mientras la tasa de REPO (referencia) bajó del 39,3% al 20,3% entre enero y mayo, la tasa para préstamos personales apenas se movió del 68,8% al 66,9%.