por Agustín Panizza
Hay imágenes urbanas que, por repetidas, corren el riesgo de volverse invisibles. En Junín ocurre algo de eso con dos edificios ubicados en esquinas estratégicas de la calle Roque Sáenz Peña, la principal arteria comercial de la ciudad.
Ahí, donde circulan vecinos, turistas, comerciantes y visitantes todos los días, permanecen cerrados dos hoteles que durante décadas formaron parte de la identidad local: el Hotel Embajador y el Hotel Plaza.

La contradicción es evidente. Mientras la ciudad exhibe una actividad gastronómica, turística y cultural, dos inmuebles que supieron recibir viajeros y convertirse en puntos de referencia para quienes llegaban a Junín permanecen sin actividad.
El caso del Hotel Embajador, en la esquina de Roque Sáenz Peña y Carlos Pellegrini, está asociado a una historia más reciente. Sus puertas se cerraron al inicio de la pandemia de coronavirus y nunca volvieron a abrirse. Desde entonces, el edificio permanece inactivo en una ubicación privilegiada del centro, y solo se puede ver una tibia luz encendida en el fondo de la recepción.
Más llamativa aún es la situación del Hotel Plaza, ubicado en la intersección de Roque Sáenz Peña y Remedios de Escalada de San Martín. El edificio lleva más de una década cerrado y muestra las huellas del abandono y el paso del tiempo. Se trata de una construcción emblemática para varias generaciones de juninenses, cuya recuperación ha sido tema de conversaciones y debates locales, aunque hasta el momento no se ha concretado ningún proyecto capaz de devolverle vida.
La imagen de ambos hoteles cerrados resulta particularmente llamativa en un contexto que parece jugar a favor de la actividad turística y de servicios. Junín atraviesa una etapa en la que los eventos deportivos, culturales, sociales y gastronómicos se multiplican y atraen visitantes de distintos puntos del país.
El ejemplo más reciente es la realización del Desafío ECO YPF, que tendrá lugar los días 6, 7 y 8 de noviembre en el Autódromo Eusebio Marcilla. Por primera vez, la ciudad será sede de esta competencia nacional que reunirá a más de 150 escuelas técnicas y miles de estudiantes, docentes y familiares. La expectativa es tan grande que ya se anticipa una ocupación hotelera y extrahotelera prácticamente completa.
Y es justamente allí donde aparece la paradoja. Mientras Junín necesita cada vez más camas para alojar visitantes, dos hoteles ubicados en las mejores esquinas de la ciudad permanecen cerrados. Mientras emprendedores invierten en gastronomía, alojamiento alternativo y servicios vinculados al turismo, dos edificios concebidos precisamente para recibir viajeros siguen fuera del circuito económico.

Es sabido que la reapertura de establecimientos hoteleros implica inversiones importantes, estudios y decisiones empresariales complejas. Tampoco se trata de idealizar el pasado. Sin embargo, cuesta no preguntarse qué destino podrían tener estos inmuebles en una ciudad que busca consolidarse como sede de eventos y punto de encuentro regional.
La pujante Roque Sáenz Peña muestra todos los días la capacidad de Junín para reinventarse, atraer inversiones y generar movimiento, y en un contexto económico difícil para el comercio local. Pero en medio de ese dinamismo, las persianas bajas del Embajador y el deterioro visible del Plaza recuerdan que todavía existen asignaturas pendientes.
Porque más allá de los edificios, lo que permanece cerrado es una oportunidad para sumar capacidad de alojamiento, para recuperar patrimonio urbano y para ofrecer una mejor primera impresión a quienes llegan a la ciudad. En una Junín que aspira a crecer como destino de eventos y turismo, la recuperación de esos espacios debería ser solamente una cuestión inmobiliaria y una reflexión sobre qué ciudad quiere construir para el futuro.